28/5/16

ODA A LA PSEUDOCIENCIA: LA PARTE DE LA HISTORIA QUE LE FALTA A LA HISTORIA COMPLETA


 
Pues resulta que el menda es el orgulloso presidente de la Asociación de Terapia Familiar e Mediación de Galicia y responsable último (que no único) de que el pasado 14 de mayo Robert Whitaker impartiera un seminario en Santiago de Compostela algo que quiero recalcar ya que, en contra de lo dicho en algún medio de comunicación no fue la USC quién invitó a Whitaker, fue la ATFMG quien lo hizo, la Facultad de Psicología se limitó a ceder el espacio como tantas veces lo ha hecho para el desarrollo de nuestras actividades (así como las actividades de otras organizaciones vinculadas a la psicología). Y aclaro esto no por querer apropiarme del mérito, si no para desvincular a la USC y al Decanato de la Facultad de Psicología de esta actividad, habida cuenta de las críticas que se sucedieron en torno a este evento.
Estas críticas son las que han hecho que retomara este espacio a falta de otro mejor, a pesar de que había tomado la decisión de abandonarlo definitivamente, con la función que ha tenido en otras ocasiones de aliviar mis cabreos.
El caso es que puesta en marcha una actividad que había generado gran expectación, con un considerable número de inscripciones y a 24 horas de su comienzo me informan de que la Decana de nuestra Facultad había recibido un escrito solicitando que la Facultad de Psicología de Santiago no acogiera el seminario. Y lo hicieron aludiendo a razones vagas y medias verdades además del consabido reparto de carnés (carné de quién puede hablar de qué,  carnés de científicos y carnés de pseudocientíficos). La primera de las razones de la queja presentada tiene que ver con que “Robert Whitaker es periodista, no psiquiatra ni farmacólogo”, por tanto le falta el carné que la habilita para opinar sobre fármacos (seica). Es curioso que no pensaran así en la Harvard Medical School donde fue director de publicaciones, como tampoco pensaron así en el MIT donde apoyaron su trabajo con una beca en su programa sobre periodismo científico (¿Harvard Medical School y el MIT?... esa gente no sabe nada de ciencia). Sus colegas periodistas tampoco consideran que sea un recién llegado a esto de la ciencia, aunque a quién le importa la opinión de organizaciones de periodistas ¿no quedamos en que no podían opinar? Por eso no es relevante que recibiera el Gorge Polk por su trabajo en periodismo médico, que la “National Association of Science Writers” lo premiara sus artículos o que llegara a ser finalista del Pulitzer por sus trabajos sobre psiquiatría.
Podríamos haber considerado un error invitar a un periodista para hablar de medicación psiquiátrica, quizá los periodistas no estén capacitados para hablar de este tema, quizá hubiera sido mejor haber invitado a Joanna Moncrieff  (psiquiatra) para hablar de su último libro “The Bitterest Pills" en el que pone a prueba de una forma documentadísima los antipsicóticos, o quizá fuera mejor llamar a David Healy para que nos comentara algunos de sus hallazgos sobre los efectos adversos de los ISRS. Tal vez podríamos abrirnos a otras áreas de la medicina e invitar a Marcia Angell, doctora en medicina y profesora titular en la Harvard Medical School (oye, ¿qué les pasa a estos de Harvard?, tienen el chiringuito lleno de charlatanes anticientíficos), la Dra. Angell podría abundar en teorías conspiranoicas sobre la industria farmacéutica contándonos el contenido de su libro “The Truth About the Drug Companies” (ya ves, otra que ve marcianos), total ¿qué podrá saber sobre conflictos de interes la que fue editora jefa del Journal of New England Medicine, ese panfletillo sin importancia?. Y ya puestos a desarrollar hipótesis conpiranóicas, podíamos haber llamado a Peter Gotzsche, médico, químico, biólogo e investigador, a la sazón líder del Nordic Cochranne (otro club anticientífico), que tira con bala cuando habla de “Medicamentos que matan y crimen organizado” (cómo te pasas, Pedro). No sé si un epidemiólogo dispone de carné para hablar de medicamentos, por eso tendríamos cuidado en invitar a Ben Goldacre para hablar de la “Mala Farma” y los sesgos de publicación. Pero desde luego, si un periodista especializado en salud no puede hablar de fármacos, el hecho de haber realizado el metanálisis más extensivo hasta el momento sobre eficacia de los antidepresivos, no podría justificar que invitáramos a un psicólogo (Dios nos ampare de tal cosa) por eso no contaríamos con Irving Kirsch para que cuestionara la utilidad de los antidepresivos.
Así que, a pesar existir diversas opciones por las que podríamos haber invitado a científicos con carné, nos decidimos por el periodista “yavestú”.
La verdad es que ese intento de boicotear el seminario no me habría generado la necesidad de escribir nada si no fuera porque a los pocos días me encontré con un artículo de opinión en el diario Praza Pública  titulado "A historia completa" y firmado por la psiquiatra Iria Veiga, que además de compartir con la comunicación enviada a la Facultad su preocupación por que “un autor claramente alineado con tesis anticientíficas imparta una conferencia amparado por el sistema universitario público”, también comparte toda su argumentación.
Resumiendo, la acusación en general se puede resumir como “¡esto es pseudociencia!” acusación a la que Whitaker nos dice, se ha acostumbrado. Sin embargo, a mí personalmente, y calculo que a la mayoría de las 140 personas que allí estábamos congregadas, el carné de pseudociecia nos pesa un poco…
Allí estábamos, un montonazo integrantes del club de la pseudociencia, gente con perfiles diversos, gente de la sociología, del periodismo, de la abogacía, de la pedagogía, una gran cantidad de personas tituladas en psicología, pseudocientífica por supuesto (clínica, educativa, sanitaria), alguna que otra doctora en psicología (de esas que no saben nada del método científico), al menos una doctora en pedagogía, un médico generalista,  psiquiatra y al menos un farmacólogo (que yo pudiera identificar). También se nos coló un Catedrático en Psicología, aunque hay que decir que a él y a una de las doctoras finalmente acabaremos echándolos de nuestro particular club de la pseudociencia. Siempre vimos con recelo su puñetera costumbre de publicar en revistas con alto factor de impacto y revisión por pares (Mundo Natural o Cosmos vale, pero ¿con revisión por pares? Mal, muy mal) pero ya esto último de publicar en Lancet es inadmisible, tiene que valerles una sanción disciplinaria ¡hasta aquí podíamos llegar! Pues eso, una masa ingenua, crédula, inconsciente e ignorante de la ciencia esperando a que el bueno de Bob nos la metiera doblada (nunca podríamos enterarnos), a esta indefensión se unió la circunstancia de que, el debate que la organización esperaba no existió (nunca ocurre), las personas de la ciencia con información, con formación y con argumentos sobrados contra las tesis de Whitaker no se acercaron a ponerle los puntos sobre las íes y allí nos dejaron… en un estado de absoluta indefensión.
Alguno pensará que sí, que hay debate, lo vemos en el artículo de Praza Pública y lo vimos en El País tras la visita a España de Whitaker para presentar su libro. Sin embargo, en estos artículos sólo me encuentro una discusión sobre una caricatura de la conclusión de Whitaker (una caricatura en el sentido que reduce a trazos generales su tesis, la simplifica y la ridiculiza) y una descalificación de su persona (eso es pseudociencia, no nos rebajamos a debatir). Estas personas de la ciencia bien formada, informada y documentada emplean argumentos del tipo “sabemos que”, “está probado”, “no se puede negar que”, mientras que por otra parte lo que vimos los que estuvimos ese sábado con el periodista (así como los que leímos sus trabajos) es una sucesión abrumadora de datos, datos de investigación, datos publicados por investigadores reputados en revistas médicas de no menos reputación, datos que podrían ser discutibles. Quizá se podría criticar la calidad de la investigación, el diseño de los ensayos, las conclusiones que de las investigaciones se hacen, o quizá se podrían haber propuesto investigaciones con resultados diferentes, pero allí no había nadie que hiciera eso, no es necesario porque “sabemos que”, “está probado” y “no se puede negar que”
La autora del artículo en Praza Pública afirma que: “la tesis general de Whitaker es que los psicofármacos no son eficaces, no palían las enfermedades mentales ni por su puesto las curan, sino que incluso las agravan”. Lo cierto es que lo que Whitaker nos cuenta en su conferencia y en su libro no es exactamente esto, de hecho en su seminario no abogó por un abandono de los psicofármacos en el tratamiento de las enfermedades mentales, si no por un “uso selectivo”, no es cierto que su tesis central sea que los psicofármacos no son eficaces, de hecho plantea (y demuestra con datos de investigación) que los psicofármacos pueden ser eficaces a corto plazo, pero que su uso a largo plazo no está justificado en la mayoría de los casos, contribuyendo en algunos casos a un empeoramiento.
Dice la psiquiatra que, la afirmación de esto último “nunca se demuestra más allá de la observación de la correlación (y correlación no implica causalidad)”. El caso es que tanto Whitaker como la mayoría de los allí presentes, el día que explicaron la correlación si que fuimos a clase y esto, ya nos lo sabemos, por eso acompañó estas observaciones sobre correlaciones con una cantidad abrumadora de referencias de investigación; datos epidemiológicos, investigación animal, estudios longitudinales y por supuesto, ensayos clínicos. Desde luego todos ellos podrían ser cuestionables, pero el hecho es que nadie se ha parado a cuestionarlos.
También dice Iria Veiga que “la idea básica de la inefectividad de los psicofármacos va en contra del estado actual del conocimiento científico y de lo que sabemos sobre psicofarmacología y bioquímica del sistema nervioso central”, en resumen “sabemos que”, “está probado”, “no se puede negar que”. Además, esta afirmación dibuja un escenario en el que unos señores unas señoras listas con bata y lupas grandes estudiaron la bioquímica del SNC en las enfermedades mentales y como consecuencia del conocimiento acumulado desarrollaron los psicofármacos, cuando la realidad es que las principales familias de psicofármacos se descubrieron por pura chiripa y que producto del descubrimiento de estos psicofármacos se generaron hipótesis sobre la bioquímica del SNC en las enfermedades mentales, al tiempo que esas hipótesis se han convertido en hechos en teoría incontrovertibles. Podemos escuchar una y otra vez que “sabemos que, está probado y no se puede negar que” la base etiológica de la depresión tiene relación con la serotonina (y que los antidepresivos revierten esta función anómala) pero lo cierto es que, no existen pruebas convincentes de ello.
Si atendemos a la diferenciación que el bueno de Carl Sagan hace entre la ciencia y la pseudociencia, el americano nos dice que “[la ciencia] plantea hipótesis de modo que puedan refutarse. Se confronta una sucesión de hipótesis alternativas mediante experimento y observación” es decir, entiendo que la ciencia plantearía hipótesis “falsables” en términos más popperianos.  Sin embargo, Sagan dice que en pseudociencia “Las hipótesis suelen formularse precisamente de modo que sean invulnerables a cualquier posibilidad de refutación, por lo que en principio no pueden ser invalidadas”. Si tomamos esto por bueno, la afirmación de que “no está demostrado que la base etiológica de la depresión tenga ninguna relación con la serotonina” sería una hipótesis formulada en términos científicos en cuanto a que es perfectamente falsable, sólo sería necesario aportar una prueba, por ejemplo alguien podría aportar uno de esos estudios que demuestran que una dieta carente de triptófano puede provocar una reaparición de la sintomatología en pacientes con diagnóstico de depresión en remisión, entonces yo podría contestar que esto se da sólo en pacientes que previamente habían sido tratados con ISRS, pero que en pacientes no tratados con ISRS o en personas “sanas” esto no ocurre, concluyendo que los diseños experimentales que buscan como resultado una disminución artificial de serotonina no resultan en sintomatología depresiva. Y de esta manera, entiendo, se podría iniciar una discusión en términos científicos, productiva e interesante. Sin embargo, afirmaciones como “sabemos que”, “está demostrado que” y “no se puede negar que” la serotonina está en la base de la depresión,  parecen estar formuladas, en palabras de Sagan “de modo que son invulnerables a cualquier posibilidad de refutación”. Lo cierto es que como organizador de esta actividad me hubiera encantado (y así lo deseábamos) que se hubiera producido un debate más parecido a la primera opción, un debate así realmente creo que no tendría ganadores ni perdedores, sólo ganaría el conocimiento, pero desgraciadamente esto no sucedió y no sucederá. El debate se termina con la descalificación de la otra parte a partir de  una efectiva pero exasperante “estrategia Inda”:
 -quería yo decir que…
 -¡Venezuela!, ¡Irán!, ¡Comunismo!, ¡cien millones de muertos!
 -Es que tenía una propuesta…
- ¡Homosexuales colgados de grúas!, ¡tracatraca!
 -Mira vengo aquí a presentar unos datos sobre…
-¡Pseudociencia!, ¡Cienciología!, ¡Estigma!
(Habla cucurucho que no te escucho)
La psiquiatra afirma que, es cierto que se ha dado un incremento en la incidencia de enfermedades mentales, “como en todos los ámbitos de la medicina” (no, no en todos y no en la misma proporción, pero aceptamos pulpo), y que inferir que la causa son los fármacos “es un salto sin red” cierto, estoy de acuerdo (yo y también Whitaker) en que es una inferencia exagerada que el único factor sea ese. Añade que “el mayor acceso a sistemas de salud, la mejor detección y la mayor exigencia de la población en cuanto a su bienestar (¿?) explican sobradamente este incremento”. No sé exactamente donde coloca la autora la creación de cada vez más categorías diagnósticas, cada vez más inclusivas, si lo incluye en “mejor detección” o en la “mayor exigencia de bienestar”.
La argumentación que sigue es clásica, demagógica y por tanto predecible: pues eso, cienciología, conspiranoia, VIH, religión y otras comparaciones que no vienen a cuento.
Sigo citando “también explica la consistente evidencia (¿?) que soporta el uso de los psicofármacos en una supuesta conspiración por parte de la industria farmacéutica”. Quizá en alguna entrevista haya dicho algo así, no lo sé, sin embargo en el seminario no ha habido referencia a conspiración alguna, sí que se hizo alguna referencia a los conflictos de interés de algún investigador concreto (mi criterio personal, no científico, es que si un investigador concreto léase Biederman, tiene conflictos de interés que supera con mucho el millón de dólares, los resultados de sus investigaciones están al menos algo comprometidos, pero son cosas de un conspiranóico). Pero el caso es que su argumentación ha tenido más que ver con la debilidad de algunas pruebas y la aportación de otras, que con ninguna conspiración. También es cierto que en su último libro hace un análisis de la corrupción institucional en la psiquiatría, supongo que la Dra. Veiga estará de acuerdo, que la psiquiatría tampoco está exenta de estos problemas.
Se queja además de que “cualquiera que lo contradiga queda, pues, marcado como sospechoso de ser uno más de los conspiradores”. Argumento de ida y vuelta, porque cualquiera que denuncie conflictos de interés en la investigación psiquiátrica (unos pocos), quedará pues, también marcado por ser un pseudocientífico conspiranóico (como Gozstche o M. Angell). Lo curioso del tema es que al tiempo que cualquiera que ponga en duda un trabajo por la existencia de conflictos de interés será tachado de conspiranóico, la Dra. Veiga denuncia el conflicto de interés del periodista y recalca el beneficio que Robert Whitaker obtiene de la venta de su libro “existen múltiples intereses potenciales que deben traerse a primer plano a la hora de juzgar estas afirmaciones”. Efectivamente, Whitaker quiere vender su libro y es posible que el tema sea lucrativo, pero las investigaciones a las que se refiere no son suyas, si estuvieran manipuladas, exageradas o simplemente no existieran, sólo habría que desmontarlo, es fácil. Es distinto y más complicado cuando Keller manipula los datos del estudio 329, no podemos darnos cuenta del engaño hasta que disponemos de los datos, como ha sucedido con posterioridad. Creo que hay diferencias importantes entre un caso y el otro. Por otra parte, también tengo que decir que cuando contactamos con Whitaker para que nos acompañara y le preguntamos por sus honorarios (así es, pagamos a la gente por su trabajo), nos propuso una remuneración absolutamente inaceptable para ATFMG, y digo inaceptable, porque no podemos permitir que una persona imparta una conferencia de 8 horas sin cobrar absolutamente nada (cero euros, esto es lo que pidió).
A continuación, la autora del artículo continúa con el clásico de la Cienciología, toda una tradición. Recuerdo cuando Kirsch publicó los resultados de su metanálisis en el 2008 cuestionando la efectividad de los antidepresivos y llamando la atención sobre el sesgo de publicación de ensayos con resultado negativo. Muchos medios se hicieron eco de los resultados y contactaron con los psiquiatras de cabecera de la tele, como no, con el Dr. Cabrera, adivinen cual fue la respuesta del habitante de la nave del misterio, efectivamente ¡los cienciólogos! De manera que cualquier persona que presente pruebas en consonancia con una posición de la cienciología, quedará descalificada por ciencióloga.
Finalmente, sólo lamentar que la Dra. Veiga, así como otros y otras colegas incómodos con las tesis de Whitaker no nos acompañaran, realmente deseamos (y esperamos) en su momento que se abriera el debate, que nos encontráramos con una discusión de datos contra datos, un debate en los términos que se hacen los debates en ciencia, sin ellos la conferencia se convirtió en un ejercicio de onanismo, agradable desde luego, pero solitario.
 
De cualquier manera, como Gorrión Supremo de la Fe de los Siete tengo que agradecer a las personas asistentes el éxito (de crítica y público) de la actividad, a mis compañeros y compañeras de la Junta Directiva de la ATFMG por el trabajazo que nos pegamos, a Fátima por su fantástica interpretación desinteresada y desde luego a nuestro amigo Bob que hizo que el día fuera fantástico (un tío majo). Pudimos salir todos de allí con los Chakras desatascados, a pesar de que fallara la máquina de café pudimos arreglar con soluciones homeopáticas de hiervas varias que nos pusieron el Ki a tono y pude salir con mis amigos Juanma y Noemí a abrazar árboles durante los descansos (toda una experiencia energizante).

26/7/13

SALTANDO MUROS: EL SILENCIO HABLA A GRITOS


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Si no recuerdo mal, allá por el 2007 emepecé a poner letras aquí, sin ninguna intención particular, a veces escribir sobre cosas que me interesaban, la mayoría de las veces como un depósito de bilis (mucho mejor que tragársela). Aunque también funcionó como una especie de sonda ciberespacial preguntando ¿hay alguien ahí? y efectivamente... había, ¡vaya si había! Muchas de las personas que conocí están referenciadas por aquí, muchas no, a muchas he tenido oportunidad de ponerles cara en persona y a muchas no. Creo que algunas de estas personas, a pesar de lo breve de nuestro contacto cara a cara me permitirían llamarles amigas, y en base a esta creencia, yo lo hago con gusto.

En el año 2009 algo tropezó con mi sonda, o yo tropecé con la suya, no sé. Esther y César ponían a andar el Proyecto Saltando Muros “Estamos plenamente convencidos de que el paciente psiquiátrico tiene mucho que decir y consideramos que la creación de un blog podría abrirnos una ventana al exterior mediante la cual comunicarnos, conocernos y de esta forma ir eliminando los prejuicios y estigmas que suelen recaer sobre la enfermedad mental” decían. Se definían como un “proyecto de lucha contra el estigma y promoción de salud mental” con una línea editorial que gira “en torno a conceptos como la recuperación, el respeto de los derechos humanos, el empoderamiento y la reclamación de un espacio en salud mental para la voz de las personas afectadas” parecía una buena idea, una idea de esas que tienen la elegancia de las ideas sencillas, esas que te hacen pensar: vale... eso también se me podría haber ocurrido a mí. Pero lo cierto es que (asúmelo) nunca se te ocurren a tí, se le ocurren a gente como Esther y César. Por otra parte, una idea que en principio uno debe acoger con cierto escepticismo, la palabra estigma es de esas que valen para un roto y para un descosido, ahora la utilizan un grupo de personas diagnosticadas, ahora en la web de una farmacéutica. Las bonitas palabras de presentación no garantizaban que esto no fuera un “más de lo mismo” de lo que a veces nos encontramos por la red; demagogia de saldo vacía de contenido. Pero ¡oigan!, van estos dos y se toman en serio lo de dar espacio a la voz de las personas afectadas. Pintaba bien, personas diagnosticadas hablando de su diagnóstico, de su experiencia, del trato recibido, de los procedimientos empleados, de cómo se sienten en relación al trabajo de los profesionales. Si, un proyecto que pone en el lugar que corresponde a la persona más importante en su propia vida.

Dos curritos con una idea elegante y sencilla, de esas que muchos no tendremos nunca, consiguieron convertir un taller en algo enorme, que miles de personas parecen seguir, que se ha ganado el reconocimiento de profesionales, que ha sido presentado en múltiples congresos atrayendo la atención de los medios de comunicación... vamos en algo realmente serio.

Pues vale: me cuentan que se acaba “nos vemos obligados a terminar con saltando muros debido a presiones de nuestro entorno laboral” ¿qué? ¿cómo? No comprendo, o sí, quizá un proyecto en el que opinaran las personas realmente importantes ya estaba durando demasiado. Curiosamente, revisiando de nuevo las entradas, no me he encontrado un blog especialmente crítico, incendiario, conspiranóico, anti-cosas o destructivo, como alguien podría considerar éste blog o alguno de los amigos. No en realidad es un blog abierto, sí abierto a ideas críticas con agunas de las ideas dominantes en la atención a personas diagnosticadas, abierto a ideas de las personas diagnosticadas y abierto también... pues sí, abierto también a lo de siempre. Probablemente en esta apertura resida su grandeza, ahora nos encontramos con algún texto reflexivo sobre la idea de cronicidad, una referencia a John Read o a Bentall, ahora algo sobre un taller de Haikús y en otro momento le dan cabida también a algún texto del tipo “tómese la pastilla que hay mucha investigación que me olvidé de referenciar que dice que es buena para lo suyo” .

Los teóricos (los pragmáticos) de la Comunicación Humana” han teorizado sobre la relevancia de la “desconfirmación de la comunicación” y de la “desconfirmación del otro” como respuesta al intento de establecimiento de comunicación por parte de alguien, una interacción alternativa a la aceptación o el rechazo del intento de comunicación, o a la aceptación o rechazo del otro. Interacción menos clara que el rechazo en sí, al tiempo que más alienante y porque no, un elemento inherente a una comunicación patológica: frente al “no estoy de acuerdo con su argmuento” implica un “no debo responder a su argumento porque no lo considero a usted un ser comunicante”. A mí, (ya ven, un tipo que tiene como referencia un texto de más de 50 años, un tipo poco de fiar) esta situación me parece un ejemplo claro de desconfirmación, un ejemplo más de cómo la interacción en sí se vuelve patológica y alienante. También un ejemplo más de mensaje paradógico, de los que habitualmente se envían a las personas diagnosticadas del tipo: ¡queremos que sea usted autónomo! … y que de forma autónoma decida hacer exactamente lo que nosotros consideramos que debe hacer. ¡Queremos devolverle la voz!... para que pueda decir sólo aquello que consideramos que debe ser dicho.

Sin embargo los mismos teóticos de la comunicación construyeron su reflexión sobre cinco axiomas regidos por un primer axioma que nos atrapa a todos: ES IMPOSIBLE NO COMUNICAR, si señores, el silencio habla a gritos. Saltando Muros ha cumplido con su papel, espero que para las personas que se han implicado en el proyecto, pero también para otros. Pero su retirada envía el mensaje más debastador, su silencio hablará a gritos, las personas que han ejercido presión para la desaparición del Proyecto Saltando Muros deben saber que su desaparición EVIDENCIA LA PERVERSIÓN DEL SISTEMA QUE PRETENDEN DEFENDER, ese silencio se convierte en la crítica incontestable a ese sistema.

Ánimo a Esther y César y a todos los que han participado en esta sencilla idea que a mí no se me ocurriría, algo grande. Espero seguir cruzándome por ahí con vosotros y que las personas que han participado en el taller puedan seguir haciéndonos llegar su voz.

30/3/13

LA GRAN ESPERANZA BLANCA: ACABAR CON KID PLACEBO


Algunos que me conocen saben de mi afición por el boxeo, incluso durante algún tiempo me he esforzado consciente y voluntariamente en que me machacaran un poco el cerebro. Y aunque mi prominente apéndice nasal ha sobrevivido con cierta dignidad, es probable que mi cabeza no funcione como debiera. Así que ya era hora de hacer alguna referencia a mi deporte en este sitio, aunque sólo sea para un chusco giro literario.

A principios del Siglo XX,  el gigantón negro Jack Johnson pudo tener una oportunidad para pelear por el título mundial de los pesos pesados contra el  canadiense Tommy Burns al que machacó durante 14 asaltos hasta que la policía tuvo que parar la pelea para que cesara aquella humillación. A partir de ese momento y por primera vez un hombre negro se convertía en el deportista más importante del mundo, algo que era difícil de soportar para la sociedad del momento. Fue el escritor Jack London el que empezó a pedir la llegada de   "la gran esperanza blanca" esperando que apareciera un boxeador blanco que restaurara el orgullo de la raza.

Pues bien: ha irrumpido un elemento indeseable en el campo de la psicofarmacología y se está convirtiendo en un púgil difícil de batir, el terrible Kid Placebo. El caso es que el efecto placebo ha sido siempre un problema a la hora de la comercialización de los psicofármacos. Y con el tiempo se ha hecho fuerte. Obviamente esto es una preocupación en áreas en las que los tratamientos tienen efectos vamos a decir... flojillos, fundamentalmente en la psiquiatría (no he visto esta preocupación en cirugía o medicina interna). Ya hace algunos años que algunos autores lo estaban advirtiendo, Timothy Walsh y colaboradores en el año 2002 publicaron un artículo en el JAMA titulado algo así cómo "El efecto placebo en los estudios sobre depresión mayor: variable, substancial y en crecimiento" se trata de un metanálisis que recoge los ECAs con antidepresivos publicados entre el año 1981 y el año 2000, el metanálisis refleja un incremento en la respuesta al placebo de un 7% por década (la respuesta a la medicación tiene un crecimiento exactamente igual, pero en este caso seguro que se debe a una muy mejorada tecnología). Este crecimiento no se circunscribe sólo a los estudios con antidepresivos. En el 2001 Laudgren, miembro de la FDA, se plantea el uso del placebo en los ensayos como un problema ético, ya que en su análisis de todos los estudios revisados por la FDA  durante 12 años se encuentra con que  "en muchos de los estudios con antidepresivos y antipsicóticos en los que la medicación que se investigaba no se diferenciaba del placebo, se incluían otras medicaciones para comparación (ya aprobadas) que tampoco se diferenciaban" 

Algunos dan algunas explicaciones para este fenómeno como pueden ser los errores diagnósticos (iguales o inferiores al "mundo real"), o las nuevas tendencias para reclutar a sujetos para los estudios (en algunos casos pagándoles, o a cambio de  asistencia médica gratuita), aunque claro, estos supuestos "falsos pacientes" se distribuirían aleatoriamente por ambos grupos (placebo y medicación) si, reduciría la potencia de las diferencias con muestras más pequeñas, pero ¿quizá ese aumento del 7% por década en la respuesta a la medicación se pueda deber a este factor? (no que va, es por que hay mucha mejor tecnología).

Pues como con el bueno de Johnson, ante esta situación hay gente para todos los gustos. Por una parte están los que gustan del deporte y simplemente se dedicaron a disfrutar de las cualidades del campeón negro, como luego disfrutamos de nuevo de la dominancia de campeones negros en los pesos pesados a partir de los años 60 hasta la irrupción de los rusos en el campo profesional en el año 2000. Es decir: ¡ahí va! El tal Kid Placebo lo hace muy bien, y además no es una variable estática, fija, se puede manipular para que lo haga mejor ¿qué es lo que hace que en unos ensayos el placebo funcione mejor que en otros ensayos?  ¿podríamos repetirlo en nuestro trabajo? ¿podría esto mejorar nuestros resultados? ¿podemos aprender de este fenómeno?. Cada vez más profesionales están fascinados por la potencia del placebo y por aquello que hace que las intervenciones, terapias, tratamientos o lo que fuera sean efectivos al margen de los ingredientes "activos".

Por otra parte están los que perciben a nuestro amigo Kid Placebo como un tipo peligroso, un negro malo al que además le gustan las mujeres blancas, un intruso con el que hay que acabar. Como se refleja en este reciente artículo publicado recientemente en el American Journal of Psychiatry, los autores dicen "las altas tasas de respuesta al placebo obstaculizan los esfuerzos para detectar señales de eficacia en los antidepresivos, contribuyendo al fracaso de los ensayos y retrasando la disponibilidad de nuevos tratamientos en el mercado" traducido: - que el placebo sea bueno hace parecer a los antidepresivos una mierda, pero no son una mierda, son tan buenos como el placebo cuando es bueno, si el placebo es bueno ¿porqué los antidepresivos, que funcionan igual iban a ser una mierda? ¡Jopetas!, que cosa más injusta... - En este estudio se analizan los factores que pueden contribuir a una mayor respuesta ante el placebo. Podría parecer interesante si no fuera porque el objetivo no es mejorar la práctica clínica, sino reducir este efecto en futuros ensayos para que los agradecidos mortales nos podamos beneficiar con los fantásticos y supereficaces nuevos tratamientos. Lo curioso de este artículo es que algunas de las características que potencian la respuesta al placebo se parecen bastante al "mundo real" (p.e.  en estudios multicéntricos el efecto es mayor, si se evalúa más de un tratamiento también crece, cuando la evaluación no está centralizada, lo mismo...) El artículo concluye (atención) "los estudios dirigidos a reducir la respuesta al placebo deben minimizar la esperanza del paciente y reducir la intensidad del contacto terapéutico". Efectivamente, han oído bien, se abre la veda para la realización de ensayos en los que  nos encontremos médicos instruidos para "minimizar la esperanza del paciente" ahí es nada.

 La preocupación y la lucha contra el placebo no es vieja, pero creo que nunca se había planteado en estos términos y con tanto descaro. Por ejemplo, es bastante común la utilización de períodos de un par de semanas para detectar a las personas que responden al placebo y eliminarlas del ensayo, al tiempo que entre los criterios de exclusión se impide la entrada a sujetos que no respondieron a tratamientos anteriores. O la utilización de otros tratamientos al mismo tiempo (más del 70% de los ensayos del metanálisis de Walsh permitían la utilización de ansiolíticos al mismo tiempo que el antidepresivo, importante tenerlo en cuenta si consideramos que sólo el hecho de dormir mejor supone una variación de 6 puntos en la escala de Hamilton). Yo propongo algunas ideas alternativas: se podría pintar las píldoras inertes de colores y escribirles "lacasitos" (tengo el día creativo).

Finalmente, además de los "amigos del placebo" y los que quieren combatirlo, están aquellos que piensan; a río revuelto...  y aquí es donde entra mi nuevo ídolo, una bestia de la creatividad, un hombre adelantado a su tiempo (y al de todos los demás), merecedor del Granitic Rostramen Award, les presento a... la verdadera y nueva esperanza blanca: el gran Maurizio "The StoneFace" Fava. Su principal mérito está en desarrollar un diseño para los ensayos (que viene siendo un truco para exagerar la presencia de sujetos que no responden al placebo) el "Diseño de Comparación Secuencial Paralela" que  utiliza por duplicado los datos de los sujetos que no responden al placebo y por tanto reduce la respuesta al placebo. Lo que lo convierte en un fuera de serie es que después de desarrollar este diseño ¡lo patenta y se monta una empresa! ¡qué crack!. Vamos que... Kid Placebo; preparae para besar la  lona.

PD: Aviso a navegantes... al bueno de Jess Willard le costó 29 asaltos acabar con Jack Johnson (y hay quien dice que se dejó)

Referencias: la mayoría de los datos están extraídos los siguientes blogs altamente recomendables:

1 Boring Old Man: muy activo, un erudito, con las ventajas de que "sabe más el diablo por viejo... " y que además eso del aburrimiento le debe dejar tiempo para leer mucho  y analizar con calma las cosas (me preocupa la querencia que estoy desarrollando últimamente hacia algunos psicoanalistas -¡Ash, Ash, fuera de mi cabeza!)
 
assertTrue(): un descubrimiento espectacular de esta última semana. Muy bueno.

23/3/13

CONVERSACIONES CON "EL ESCRITOFRÉNICO" Y OTROS LOCOS DE GARRAFÓN

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Necesitaba una buena razón para volver a escribir aquí, y la presentación del “Escritofrénico” no es sólo una buena razón, supone un compromiso ineludible. 

Ayer tuve el honor de acompañar a Raúl Velasco en la presentación de su último libro “El Escritofrénico: Un tratado sobre la curación de la psicosis” en la librería Follas Novas. La experiencia tuvo un gusto agridulce, la parte dulce tuvo que ver con que por fin pude conocer a Almu (si me permites, Raúl). La parte agria tuvo que ver con que en Santiago no supimos recibir al autor como se merecía y lo que debería ser una presentación multitudinaria, no lo fue tanto. Sin embargo como en los buenos partidos de rugby lo bueno está en el tercer tiempo; cuando se comenta el partido detrás de una(s) cerveza(s) (creo que hicimos sudar al camarero).

Antes de regalarme el privilegio de acompañarlo en la presentación de su libro en Santiago, Raúl ya me había cedido el honor de ser de los primeros en leer su libro, antes de que estuviera publicado, casi na... y tengo que recomendarlo a cualquiera que le guste una buena lectura, pero sobre todo, es lectura obligada para mis colegas (atención, es pregunta de examen). Sí, hay otros “libros sobre locos escritos por locos”, pero éste es el nuestro.

Y si, … ahí estábamos, dando cuenta de unas birras, un gallego y un catalán hablando de la cuestión identitaria (sin sangre, ni nada). Y es que Marcos (el protagonista del Escritofrénico) es un loco que reta la sentencia que supone su diagnóstico y, dejándose de comportar como un buen loco (hágame usted caso y algún día podrá pasar por una persona normal) se convierte en un loco malo... ni malintencionado, ni violento, no... un loco malo, de mala calidad, adulterado, un loco de garrafón.

Efectivamente, alcohol, un tonto y un loco a vueltas con las palabras. Mientras tanto sin darnos cuenta (hasta hoy, mientras escribía) se sentaba con nosotros el amigo Beltrán con su pipa, a él le dejaron fumar... faltaba más (-Mr Russell, tómese otra). Es que la clase de tipos como Marcos, son de esa clase de clases que no pertenecen a su misma clase. Difícil solución para simples mortales si no contáramos con la compañía de D. Beltrán para una encerrona paradójica a la que se enfrentan los personajes como Marcos, o las personas como Raúl. Primero se enfrentan a una sentencia, que les dice lo que a partir de ahora “son”, sí, una etiqueta que debe empezar a formar parte de su identidad (es usted un esquizofrénico), es una sentencia a la cronicidad, a la incapacidad, a atender a las recomendaciones de los expertos por encima de su propia voluntad, a la supervivencia “como si” fuera una persona normal. Sentencia que pueden acatar (y les puede ir bien) o que pueden enfrentar (no “soy” un esquizofrénico), para finalmente darse cuenta de que (D. Beltrán ayúdenos con esto que me estoy liando), para cuestionar la esencia de la etiqueta en cuestión, debe primero defender la propia etiqueta (vale, soy un esquizofrénico pero no soy lo que la palabra dice que soy).

En cristiano: tanto Marcos, como Raúl, y otros que cada día demuestran que su sentencia no sólo no es verdad, sino que además ES MENTIRA se tienen que enfrentar a menudo a la acusación de ser “errores diagnósticos”. Si, así de claro “-Usted como loco, no puede estar aquí presentándome un libro de su autoría... y si lo está haciendo, no es usted un loco ni nunca lo ha sido” . Recordaba ayer con Raúl, que al tiempo que disfrutaba de su libro, me encontraba con ésteartículo en el New York Times en el que Elyn R. Sacks (profesora de derecho en una universidad californiana) retaba “Si no tengo esquizofrenia, por favor ¡díganselo a mis delirios!”.

Si señores, el error está en el diagnóstico (en la sentencia), pero esta gente no son “errores diagnósticos”

PD1: No beban (mucho)
PD2: Vayan ustedes a su librería a por su ejemplar de “El Ecritofrénico”, en Santiago lo pueden encontrar en Follas Novas.

29/6/12

APOYA A RADIO NIKOSIA: COMIENZA EL DESHAUCIO INTELECTUAL

Me entero en la web de Radio Nikosia y en muchos de los blogs amigos; ¿Esquizoqué?, Cosas que tu psiquiatra nunca te dijo, Sobre lo divino y lo humano, Yo amo a alguien con… ¿TDAH?  de que Radio Nikosia está en peligro, que podría cerrar. Para quien no sepa de que va eso de Radio Nikosia, que le echen un vistazo a la web, pero en resumen se trata de una emisora de radio realizada por personas que han sido diagnosticadas de problemas de salud mental que han decidido que nadie les dice cómo tienen que estar locos (sea lo que sea eso), un trabajo con una gran repercusión, ejemplo para otros de cómo se deberían hacer las cosas (bien). Cualquiera que tenga dos dedos de frente y que conozca la relevancia de este trabajo, se dará cuenta de que es un proyecto que hay que cuidar. Lejos de cuidarlo y como es habitual, vamos a ponerles chinas en el camino y si no tropiezan, pues venga… cañonazo.

¿La disculpa? La de siempre: el plan de nosequé, la normativa de nosecuánto, que hay que regular las emisiones… (regular, tiene que ver con conseguir que todas sean reguleras, por favor, nada excepcional)

–Es que mire usted, es que esta es una radio sin ánimo de lucro
–Oiga caballero, sin ánimo de lucro será para ustedes, pero nosotros sí que necesitamos lucrarnos.
–Pero ¿no podrían hacer una excepción?, por aquello de que es una buena causa.
- Espere un momentito que miro… ¡uy! Por excepción no me viene nada, va a ser cosa de que tenemos el cupo de excepciones reservado por si los EuroVegas… que esa causa si que es buena.
-De cualquier manera, siguan emitiendo que con cien mil laureles vamos arreglando (que tengo que renovar el gotelé).

¡¡¡100.000 leurazos!!! en el país del latrocinio y la impunidad generalizada, a unos señores y unas señoras, por hablar de lo que le da la gana por la radio, les multan con 100.000 euros, la pregunta es ¿quién es el loco?

¿La razón? La de siempre también, el que se mueve no sale en la foto. Una radio libre, no comercial, que se autogestiona, que no sobrevive a través de subvenciones ni patrocinios (es decir, LIBRE) en este barrizal no puede (no debe) sobrevivir, por la cuenta que les tiene. Así que, si como yo (y como cualquier persona bien nacida) piensas que esto no se puede consentir, haz el favor colaborar y firmar en la web http://contrabanda.org/contrabanda/ 

19/5/12

BREOGÁN Y LA KRIPTONITA

Hoy me ha dado por ponerme demagógico, y es que me apetece y aquí hago lo que me da la gana, algunos lo agradecen.

Breogán es un niño de 6 años, los cumplió en enero, como todos los años. Tiene esa puñetera manía, la de crecer demasiado rápido como para que a mí me dé tiempo a adaptarme. Es terriblemente guapo el tío (en eso salió a su madre) habla por ambos codos y el de repuesto (en eso también salió a su madre), tengo la impresión que en los últimos años me han crecido bastante las orejas (bendito Lamarck). A veces también hace cosas que me hacen pensar que yo también tuve algo que ver, pero lo que más me satisface es cuando reconozco cosas que son de él, que pertenecen al carácter de Breogán y nadie se puede apropiar de eso. Cuando hablo de mi hijo, al margen de miopías parentales (que si listo, que si guapo, que si bueno, que lo es) me gusta decir que el tío me cae muy bien. A veces él, al margen de miopías filiales (todavía cree que soy el más fuerte y el segundo más listo después de su madre) también me hace saber que le caigo bien.

Breogán tiene superpoderes. Tiene supervelocidad; aunque no avanza muy rápido en la carrera, mueve las piernas muchísimo. Además tiene visión doble, al principio pensamos que era cosa de niños o quizá un delirio, pero efectivamente, tiene visión doble (pone los ojos bizcos y ve la imagen por duplicado), todavía no le encontramos utilidad pero seguro que pronto se le ocurre algo. Es capaz de saltar seis escalones del portal del edificio en que vivimos, él está decidido a saltar desde el octavo, se pone en posición, pero ahí están los miedos de los padres limitando el desarrollo de nuestros hijos (¡que no se te ocurra, chaval!) Dice que quiere volar, está muy emperrado con la idea. La luna siempre le sigue cuando se mueve, no sabe porqué, pero supongo que le hace sentirse bien. También entiende a los árboles, al resto de las plantas no, pero sí a los árboles, además dice que a los árboles les gusta que haya alguien que los entienda. También tiene la capacidad de hacerme desaparecer cuando ve “Hora de Aventuras” (los programas para niños son cada vez más surrealistas, me gusta), tiene la capacidad de no oír nada de lo que digo e incluso con su supervisión puede ver a través de mí si me coloco delante de la tele (aunque esta capacidad sólo le dura unos segundos). Tiene bastante claro su futuro profesional y aunque duda, tiene claras algunas opciones: quiere ser superhéroe, cocinero (como mamá) o científico, quiere inventar una máquina para no tener que trabajar (¿había dicho que es listo?). De vez en cuando se pregunta porqué no puede casarse con su madre (Sigmund, ¡silencio! no sea usted cochino). El muy petardo está planeando como va a ser su vida cuando su madre y yo palmemos (hombre precavido). Le gusta silbar, puede estar silbando horas, a veces es más melódico y otras veces… pues un coñazo. Muchas veces tengo la absurda impresión de que es feliz.

Y aunque a los papás siempre les gusta pensar que su hijo tiene algo de especial… probablemente sólo sea un niño (o tanto como eso).

El caso es que algunos no se han enterado todavía de qué va eso de ser niño. No se han enterado de que a veces por su seguridad debemos impedirles que salten desde el octavo escalón (siempre con cierta duda de que podrían hacerlo) pero que los superpoderes son buenos, a todos nos gustaría tenerlos. Pero nada, siempre hay un estúpido buscando reservas de Kriptonita.

Esta tontería viene a que esta noche estuve revisando para ver que había de nuevo en el Archives of General Psychiatry y se me pusieron los pelos de punta. Se me puso la carne de gallina al darme cuenta de que mi superhéroe particular tenía edad suficiente para ser sujeto de estudio en un ensayo en el que se comparaba el efecto del litio, el valproato (un anticonvulsivo), y la risperidona (un antipsicótico) en niños diagnosticados de trastorno bipolar que no habían recibido tratamiento farmacológico previo. Tres drogas muy potentes con muy duros efectos segundarios en adultos y desconocidos efectos en el desarrollo del SNC de un niño de 6 años (o cada vez más conocidos pero poco agradables).

El ensayo está dirigido por una tal Bárbara Geller, que junto con nuestro amigo Biederman es una de las principales defensoras y promotoras del diagnóstico de trastorno bipolar infantil y de la medicación psiquiátrica para estos niños, junto con el pillín de  Biederman también forma parte del comité asesor de la Balanced Mind Foundation (dime con quién andas…). La doctora es una hacha de esto, tanto vale para un roto como para un descosido, ahora se empeña en convertir en zombis a chavales en edad preescolar, ahora asesora a la FDA para que aprueben el Seroquel como coadyuvante para la depresión (todo el mundo sabe que anima un montón).

Este trabajo, obviamente no tiene grupo control con placebo. Claro, no se podría dejar a niños con tan terribles trastornos mentales sin un tratamiento apropiado (sería una irresponsabilidad). Obviamente también, el tiempo de duración del ensayo no es muy largo, sólo 8 semanas. Curiosamente si nos vamos al registro de ensayos del NIH en ClinigalTrials.gov el tratamiento fue administrado durante 16 semanas, pero las medidas de mejoría y de efectos secundarios ser realizan a las 8 semanas (seguro que los resultados a las 16 semanas eran mucho mejores, a mas tratamiento mejores resultados, y los efectos secundarios en este tiempo se diluirían, pero prefirieron publicar resultados a las 8 semanas por una cuestión de honestidad, que buena gente). 

Los resultados me importan poco, de entrada no soy partidario de quimioterapias del comportamiento en niños, por muy bien que funcionen. Aunque dicen que para los super-poderes lo que mejor funcionó fue el antipsicótico, aunque parece que tiene “potenciales” efectos metabólicos serios (potenciales, dicen). Además identificaron importantes efectos secundarios en todos los grupos en 8 semanas de tratamiento (para tratamientos que suelen administrarse de forma crónica). Pues eso, que al margen de los resultados me llamaron la atención algunas cosas, por ejemplo que el 100% de los sujetos de la muestra exhibían comportamiento eufórico o grandiosidad. Y me pregunté qué carajo era la grandiosidad en un niño de 6 años (temblé al pensar en los superpoderes de Breogán). Buscando información, encontré que a parte de la medida primaria (Impresión Clínica Global, que es una medida muy impresionante, es lo que tienen las impresiones) había una escala de manía para niños. Encontré una versión de la Children Maniac Rating Scale en inglés para padres, que consiste en una escala de 21 ítems con cuatro posibilidades de elección (nunca o raras veces, a veces, a menudo y muy a menudo) y claro me puse a ello con mi progenie en la cabeza. Me encontré con que entre los expertos en el trastorno bipolar infantil, está mal visto que los niños tengan superpoderes y eso me preocupa, no ven bien que un chaval crea que puede hacer cualquier cosa (como ser el mejor jugador de baloncesto del mundo), que sea super-feliz durante horas, que intente poner a prueba sus superpoderes aunque esto suponga un riesgo para él, que tengan demasiada energía, que hablen mucho, que sean “inusualmente productivos o altamente creativos”, que sean “demasiado” sociables, que hagan bromas, rían alto o se comporten de una forma absurda, tampoco es bueno que oigan o vean cosas que nadie oye o ve.

Pero todo superhéroe tiene su Kriptonita, los tres grupos (litio, valproato y risperidona) mejoraron en relación a esta escala. Me imaginé que pasaría si Breogán se acercara a la Kriptonita, quizá dejaría de intentar despistarme para ponerse a prueba desde el octavo escalón, o escabullirse para intentar volar de la cómoda a la cama, o dejaría de silbar, o perdería su habilidad para entender a los árboles, o quizá incluso desistiera en su proyecto de ser super-héroe o científico y comenzara a planear hacerse funcionario… o registrador de la propiedad. Quizá los necios amantes de la Kriptonita consideren esto una mejoría, pero así a mí, Breogán no me caería tan bien. 

Por cierto, el ensayo incluye a 279 chavales a los que probablemente les hayan arruinado la vida (mecagoentodo), ojalá no sea así. Los experimentos… con gaseosa (por favor). 

25/4/12

A PREGUNTAS CIRCUNFLEJAS, RESPUESTAS BARBITÚRICAS (o algo así)

Hoy he hecho un experimento, y aunque los resultados no me sorprendieron, no por ello son menos interesantes, así que los voy a compartir. Ahí va el Abstract (cuidado, alta dificultad):

Método: Cogimos a un tipo algo friki, preferiblemente con pocos amigos y limitada vida social (con tiempo para perder, vamos), en este caso llamemos a nuestro sujeto “El Menda” por aquello de mantener el economato. Lo ponemos delante del teclado de un pecé, se abre el navegador (El Menda usa Opera), vamos a Google y que se ponga a escribir cosicas… a ver que sale.

Resultados:

a) El Menda, escribe “Depresión” resultados: 21.400.000 (una porrá), se salta el primero (la Wikipedia) y vamos al segundo: una publicación del NIMH (cosa seria, señores serios, listos, con gafas gordas, pensando mucho) dice que es “Un folleto detallado que describe los síntomas, causas, y los tratamientos para la depresión, con información sobre como conseguir ayuda y sobrellevar la enfermedad”. Lo miramos, efectivamente, cuenta de que va, cuales son los síntomas… nos vamos a las causas; dice “parece ser el resultado de una combinación de factores genéticos, bioquímicos, y psicológicos” “Además, hay importantes neurotransmisores, sustancias químicas que las células del cerebro utilizan para comunicarse, que parecen no estar en equilibrio” (el neurotransmisor funambulista fracasado). Destacado en un recuadro aparece “Investigaciones indican que las enfermedades depresivas son trastornos del cerebro.”

b) El Menda escribe “Esquizofrenia”, resultados: 7.020.000, pasamos de la Wikipedia, lo siguiente es un artículo en un portal psiconosequé (menos prestigio que el NIMH, pero hay que seguir el método), no hay epígrafe “causas” pero lo más parecido que nos encontramos es que: “Se puede observar un aumento del tamaño de los ventrículos cerebrales en los enfermos esquizofrénicos. Hay también un exceso de la actividad de los neurotransmisores dopaminérgicos”

c) El Menda escribe “Trastorno bipolar”, resultados: 3.460.000, repetimos el procedimiento (paso de Wikis), sale un folleto del NIMH “Trastorno Bipolar (fácil de leer)” Causas: dice “Varios factores pueden contribuir al trastorno bipolar, entre ellos:  los genes, porque la enfermedad es hereditaria y la anormalidad en la estructura y función del cerebro.”

Pues eso… no hay sorpresa, los “trastornos mentales” tienen una causa biológica, instituciones serias nos lo dicen con cierta seguridad. Una afirmación repetida muchas veces que se convierte en verdad, incluso en verdad indiscutible. Indiscutible no porque esa verdad no tenga discusión, si no porque no es necesario argumentarla, es más, el que la cuestione tiene que ser algo bobo y no merece explicación.

Un bonito intento de discusión ocurrió en el año 2003, dando lugar a una curiosa historia. Un grupo de 6 “supervivientes” de tratamientos psiquiátricos que constituyeron la organización Mindfreedom iniciaron una huelga de hambre “El Ayuno por la Libertad” en defensa de los derechos humanos en “salud mental”, al tiempo que iniciaban un pulso a la APA: permanecerían en ayuno hasta que la APA contestara a su demanda de que se  les proporcionara alguna evidencia de la base biológica de los trastornos mentales (algún examen médico que pueda servir para el diagnóstico, alguna evidencia de niveles de neurotransmisores “normales” o “equilibrados” , algo, lo que sea). 

La respuesta de la APA vino de la mano del Dr Scully y fue la misma respuesta que daría su homónima televisiva… “la verdad está ahí fuera”. En resumen, contesta que sí, que se pongan como se pongan hay muchísima evidencia de esa accesible en la literatura médica desde hace muchos años… y que la busquen… pueden ir empezando por estos manuales (es que escribir las referencias sobre investigaciones concretas le daba pereza, al hombre): se miran ustedes el "Mental Health: A Report of the Surgeon General." También “Introductory Textbook of Psychiatry (3ª edición)” - éste es facilito para gente que esté verde en esto de la psiquiatría (dice) o el "Textbook of Clinical Psychiatry (4ª edición)" además se pueden mirar todos los números del American Journal of Psychiatry y de Archives of General Psychiatry que además también los podéis ver Online.

Atención al intercambio ¿Me puede proporcionar alguna evidencia de esto? – siiii hay muchísima, busca que seguro que encuentras algo.

El caso es que los huelguistas contaban con el apoyo de un comité científico para revisar la respuesta de la APA compuesto por 14 psiquiatras, aunque de los que tienen pocos amigos en la organización (entre ellos Mosher o Breggin). Pues bien, el comité científico a pesar de que la respuesta de Scully parecía un cachondeo, se la tomaron muy en serio, y aunque no revisaron los 60 volúmenes de la AGP o los 160 del AJP, sí que se pararon a revisar los manuales recomendados, recogiendo en estos manuales distintas referencias al desconocimiento de las causas de la enfermedad mental, la ausencia de correlaciones físicas, a la imposibilidad de establecer correlaciones entre enfermedades mentales y cualquier lesión, a la inexistencia de marcadores biológicos, a la inexistencia de pruebas que demuestren las hipótesis químicas e incluso afirmaciones que ponían en duda las categorías diagnósticas como válidas. El grupo huelguista respondió a la carta de Scully, indicando todas estas referencias, de manera que seguían a la espera de referencias más convincentes.

Atención de nuevo al intercambio ¿Me puede dar evidencia de esto? –Siiiii hay muchísima, mírate este libraco a ver si encuentras algo, -Mire usted, es que aquí pone lo contrario.

La contrarréplica de la APA fue: -ffffffuuuuuuuuuiiiiiiiiiiuuuuuuuu (sonido de viento de fondo), cruza la pantalla una bola del desierto, ffffuiiiiuuuuuu (más viento)… silencio.

De cómo la comunidad científica puede hacer el ridículo en público sin que pase nada. Y seguirán publicándose manuales (fáciles de leer), en los que se explique al personal eso de que “la investigación a demostrado que…”, “existen pruebas de…”, “sabemos que…”, “desde hace mucho tiempo se sabe que…”

De paso mírense ustedes la web de Mindfreedom, está interesante.  

1/3/12

ENTRE CENIZO Y CONSPIRANÓICO

Está de más decir que han pasado una serie de cosas últimamente que hacen que en general se respire cierto optimismo, especialmente entre algunos amigos de la red, como éste, éste o éste. Leo durante las últimas semanas aquello de que las cosas están cambiando, que parece que pudiera empezar a agonizar aquella forma de pensar las psi que tienen su foco en el espacio intersináptico y que de repente muchos se pueden empezar a dar cuenta de que alrededor de ese espacio hay más cosas, los más aguerridos y valerosos que se atrevieron a aventurarse más allá, se han llegado a encontrar (dicen) personas (humanas… eso dicen).

Este optimismo tiene que ver con que de repente, cosas de las que teníamos cierto conocimiento (especialmente en relación a la no-efectividad de los ISRS para el tratamiento de la depresión o a los vínculos de la industria farmacéutica con la psiquiatría) se han hecho más evidentes… más de dominio público. Me refiero a una serie de artículos publicados por el Infocop, así como la referencia de la OCU y otros organismos.

Bueno, el caso es que yo tengo la mosca detrás de la oreja, no soy capaz de de compartir el optimismo de mis colegas. He barajado un par de hipótesis; la primera y más evidente es que esta mañana me he saltado la pastilla y ando a vueltas con algún delirio conspiranoide… mañana se me pasa. La segunda (y esta me preocupa más ) es que probablemente mi desconfianza tenga que ver con algún deseo inconsciente (me lo voy a mirar con mi amigo Jony Benitez, que en esto del deseo y de lo inconsciente está mucho más puesto que yo) y es que creo que los fajadores tenemos un puntito masoquista (Jony… te necesito) y nos gusta que nos tiren golpes, no hay nada más molesto que un oponente que evita la confrontación. Seguro que hay otras explicaciones a esto que me pasa, así que acepto propuestas de mis colegas (algún pensamiento distorsionado o algo así… mírenme esto, por favor).

El artículo con el que parece que se abre la veda en el Infocop es un artículo titulado “Destruyendo los mitos sobre los diagnósticos y los psicofármacos en salud mental”, una referencia a a una revisión hecha por Marcia Angell en el “New York Times, Review of Books”, en la que se centra en las últimas publicaciones del periodista Robert Whitaker, el psicólogo Irving Kirsch y del psiquiatra Daniel Carlat. A este artículo le suceden toda una serie de artículos en la misma línea, por una parte revisando estas publicaciones y por otra reclamando la superioridad de la psicoterapia sobre la farmacología según para qué situaciones. Lo curioso de esta “iluminación” repentina y justo en este momento, es que no es una iluminación patria, al menos los españoles no son los únicos iluminados. Al tiempo que se publican estos artículos en una revista oficial y se hacen eco los consumidores en España, la televisión pública norteamericana CBS emitió la semana pasada en un programa de bastante relevancia “60 Minutes” un reportaje sobre el trabajo de Kirsch que ha tenido bastante repercusión.

Todo esto está bien, muy bien. Pero lo que no me acaba de cuadrar es ¿porqué en este momento? ¿por qué ahora y de modo tan coincidente? ¿es que ha habido nueva información últimamente? Parece que no. Lo cierto es que la revisión de Marcia Angell en el New York times fue publicada en junio del 2011, en el mes de Julio ya le había contestado el Dr. Krammer (ya se hiciera una referencia al debate en éste Rincón).

El metanálisis de Kirsch en el que se basa su libro fue publicado en Plos-Medicine (creo que una revista médica de suficiente relevancia, además de independiente y accesible a todo el mundo) en febrero del 2008 (hace 4 años), recuerdo que tuviera cierto eco en los medios (aunque duró poco). Su libro The Emperor’s New Drugs fue publicado en octubre del 2009. El libro de Robert Whitaker Anatomy of an Epidemic: Magic Bullets, Psychiatric Drugs, and the Astonishing Rise of Mental Illness in America  fue publicado en abril del 2010. Aunque su joya de la corona Mad in América en el que adelantaba algunas de las críticas, es del 2001 (por cierto, en este momento ando enfrascadísimo en su lectura, al margen de la crítica es un documento interesantísimo sobre la evolución en el tratamiento de la “enfermedad mental” desde el S.XVIII en los Estados Unidos. Altamente recomendable). El libro del Dr Carlat, The Trouble with Psychiatry—A Doctor’s Revelations About a Profession in Crisis se publicó en Mayo del 2010. Aunque las “revelaciones” de su libro son ya conocidas desde hace tiempo para los que seguimos su blog, que intenta apostar por una “psiquiatría honesta” desde el año 2007.

Por lo tanto, si no hay nueva información ¿qué ha pasado estos días?, sin duda que el Infocop diera el paso es importante, pero ¿por qué ahora? ¿por qué también en otros sitios del mundo? ¿por qué cuando se publicó el metanálisis en Plos-Medicine se zanjó con un artículo en El Mundo, unas declaraciones de mi psiquiatra mediático favorito en la tele (si al final, el de la nave del misterio me va a caer bien) diciendo que esto era cosa de la cienciología y con algún escrito de jefazo psiquiatra llamando a la responsabilidad de los medios para que no se hicieran eco de semejantes tonterías… con lo peligroso que es eso?

Vaya por Dios… Allison Bass, tampoco tuvo mucho cuidado con la medicación y campa por ahí, la pobre, conspiranóica perdida… o va a ser que ella también tiene deseos inconscientes …a ella también la va la marcha; es autora de Side Effects (una historia novelada en la que revela como nos colaron la paroxetina), por cierto un libro publicado también hace algún tiempo (2008), por una periodista de enorme relevancia y muy premiada por su trabajo. Pues bien, nuestra amiga Allison (la pobre) nos hace pensar que, quizá el hecho de que los ISRS reinantes (fluoxetina y paroxetina) ya no cuenten con la protección de patentes, unido a una legislación que llevará a la prescripción por principio activo, hace que se haya relajado el control de los que controlan estas cosas (en concreto, un señor vestido de negro y con gafas de sol que me mira raro bajo mi escritorio… aaay la pastilla), por aquello de que no compensa. Steven Greer (este también está para encerrar) titula su columna televisiva diciendo algo así como “¿Y me lo dices ahora?, en la que se pregunta si el repentino descubrimiento de la dudosa eficacia de las estatinas y de sus serios efectos secundarios, tendrá alguna relación con que Pfizer vaya a perder la protección de la patente de Lipitor.

Este arrebato de desconfianza patológica me hace pensar más en un “más-de-lo-mismo” que en un cambio de tiempos, quizá la atención de los farmos se centre en otros mercados, pero me da en la nariz que la bonita flexibilidad de la psicopatología hace que sea un banco bastante atractivo y productivo como para irse a pescar a otro sitio.  Pero nada. Esta tontería se me pasa mañana… o no…


Os estaremos vigilando (pónganle tono amenazante y el careto del de arriba). Por favor, ¡que alguien le diga a este señor que salga de debajo de mi mesa! 

8/12/11

SOBRE LA INVENCIÓN DEL POST-IT O LA FABRICACIÓN DE PACIENTES ADHESIVOS


A finales de los sesenta un tal Spencer Silver inventó un pegamento que tenía la excepcional cualidad de que no pegaba, algunos años después un tal Art Fry (quizá llamarse Arte Frito te predispone a cierta creatividad) lejos de culpar de la poca adherencia del producto al papel, pensó que esta cualidad podría tener alguna utilidad e inventó el post-it.


Que estaba yo pensando en esto porque estos días unos colegas se han hecho eco de una noticia que a algunos nos causa pánico hasta el punto de que una amiga ha llegado a considerar la autolisis. Se lo cuento para el que le interese: nos enteramos por la prensa, que el mandamás del servicio de psiquiatría del Hospital Ramón y Cajal, a la sazón presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría, se presenta en rueda de prensa agarradito de la mano de otro señor que es director Desarrollo de Negocio y Relaciones Institucionales de Janssen... bien, pues ahí los dos, uno desarrollando negocio y relacionándose (que es su trabajo) y el otro no (es empleado público y eso estaría muy feo) presentan el último desarrollo “nanotecnológico” de Janssen para el tratamiento de la esquizofrenia; el Xeplión, un antipsicótico de administración mensual y acción prolongada que dicen, mejora la adherencia y tiene menos efectos secundarios.

En la rueda de prensa este señor aprovechó para retomar un tema con el que algunos llevan algún tiempo asustando: “impulsar una legislación que dé a los jueces la posibilidad de obligar a determinados pacientes graves a someterse al tratamiento ambulatorio” y es que “el problema de muchos pacientes psiquiátricos es que no cumplen adecuadamente con el tratamiento” (el problema del papel es que no se adhiere bien al pegamento) “en el caso concreto de la esquizofrenia, los profesionales estiman que entre el 50 y el 70% de los enfermos no siguen adecuadamente el tratamiento, ya que no siempre toman los fármacos prescritos”. ¡Desde luego! La culpa siempre es del paciente, que no se deja curar, el fármaco poco tiene que ver en la ecuación, a nadie se le ocurre que quizá a algunas personas no les compense - Mire ustezzz, es que la baba obstaculiza ligeramente mi integración social. - Con todos mis respetos, estos 15 quilitos de pura lorza que hora adornan mi cintura me resultan algo desagradables. - No quisiera molestar pero ¿eso del síndrome metabólico... que viene siendo?- Sin acritud, es que he tomado la decisión adulta y consciente de acortar mi esperanza de vida sólamente fumando como un carretero- (siempre negatiffos, nunca positiffos) Pero ahora con el invento éste, la adherencia mejora una barbaridad, y si obligamos por decreto al personal a medicarse, mandamos a la policía local a buscar a las personas a casa y les invitamos amablemente a acompañarnos al centro de salud más cercano para darse un pinchacito de ná, sin duda el tratamiento se convertirá en el tratamiento-loctite superadhesivo por antonomasia. Desde luego siempre pensando en el bien ajeno, si no sabemos lo que es mejor para nosotros, no se preocupen que ya hay expertos que lo saben.

A mí me da un poquito de miedito que el Dr Saiz presente el nuevo medicamento y proponga impulsar el TAI en el mismo acto, al tiempo que me mosquea que en la misma presentación declare que “este medicamento, podría ser uno a los que los pacientes deberían someterse obligatoriamente”, prefiero no malpensar.

Vista la noticia, y tras dar rienda suelta a mi tricotilomanía (vamos, que me tiré de los pelos) fui a mirar que era eso del Xeplión y conocer alguna de la investigación que apoyara la buena nueva tecnológica llenándonos el corazón de júbilo. Uno de los cuatro ensayos que apoyan tan albriciosa noticia es éste, que parece demostrar la superioridad del bicho frente al placebo en el retraso de la recaída. Sé que no lenguajeo bien el psiquiatrés y tengo bastantes problemas de comprensión, pero mi sensación es que nunca un Abstract dijo tan poco. Intento traducir, reconozco mis limitaciones de antemano y admito humildemente correcciones:

Se cogen un montón de "enfermos mentales graves" de buena calidad (en función de la puntuación del PANSS), que ya estuvieran tomando antipsicóticos; no sabemos cuántos, ni cuanto tiempo de tratamiento, ni cuantos y cuales antipsicóticos estaban tomando.  A TODOS se les cambia el tratamiento y se comienza un período de 9 semanas con el palmitato de paliperidona, después se seleccionan SOLO a los pacientes estables, que continuarán con el tratamiento “de mantenimiento” 24 semanas más, después de estas 24 semanas se seleccionan de nuevo SOLO a los que estan estables y se asignan aleatoriamente a continuar con el fármaco o con el placebo durante un tiempo variable (es lo que tiene el tiempo, que es variable, hoy hace un solete que da gusto y mañana caen chuzos de punta) me lo expliquen…creo entender que el tiempo estuvo determinado por el número de eventos de recaída. Después vienen números y porcentajes que vienen diciendo que, considerando la variable “tiempo de recaída” este es mayor para los que toman el palmitato de paliperidona que para los que toman placebo.

 Llámenme quisquilloso, pero estaba yo pensando que un ensayo que comienza sólo con sujetos que han demostrado durante 8 meses que responden al tratamiento, eliminando a los que no... me da que está algo sesgado (no me hagan caso... cosas mías). Y me pregunto cuántas personas se quedaron fuera y cómo les iría a éstas comparando con placebo (insisto, no me hagan mucho caso).

Conclusión (de andar por casa): que si coges a una persona que ha estado varios años tomando una droga, vas por la noche muy escondido y se la cambias por otra droga similar, puede que le vaya bien, pero si después de 8 meses habituándose a esa nueva droga, te acercas de nuevo sigiloso y se la cambias por sacarina... LO VA A NOTAR da igual que silves, el tío se da cuenta... fijo.

Aplastante, sin duda, aplastante. Pues eso, sigamos esforzándonos en cambiar la composición del papel, hasta que el pegamento pegue. Otra reflexión: entre indignados, manifestantes cabreados, profesores cabreados, sanitarios cabreados, funcionarios de prisiones cabreados y locos que no se quieren curar (mirapordonde) las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, no van a dar a basto.

7/11/11

EVIDENCIANDO LA EVIDENTE EVIDENCIA

Que me ponen a mi nervioso esos que en sus trabajos sobre lo nuestro repiten cienes y cienes de veces la palabra científico, científicamente etc. También me ponen nervioso los dicen que “diseñan intervenciones” y otra terminología similar (¿qué ***** es un “paquete terapéutico”?, no respondan... les veo venir). No sé porqué, pero textos en los que se leen cosas como (póngase voz de tipo interesante) “… y para que fuera eficaz desde el punto de vista científico diseñamos un paquete terapéutico ad hoc...” me dan cierto tufillo a complejo (de la profesión, no de los señores en cuestión, que de lo suyo suelen ir sobrados) una sensación de forzosa tecnificación y en definitiva de un “dime de que presumes y te diré de que…”. También me ponen nervioso estos que dicen que tratan trastornos, y se hacen preguntas del tipo ¿qué hacer ante tal o cual trastorno? Que yo supongo que sólo hay dos alternativas: a) decirle a la persona que le acompaña (al trastorno en cuestión) que espere fuera, quedarse a solas con él y pegarle una manta-palos, o por el contrario b) “diseñar un paquete terapéutico efectivo desde el punto de vista científico”.



A éste artículo publicado en el Infocop Online, se le unen estos elementos a otro que todavía me eriza los pelos con más intensidad. Los libros de recetas, sí, esa quimera que ansían los psicólogos tecnicocientíficos de realizar listados de tratamientos “Basados en la Evidencia” o “Científicamente Validados” con el lógico anhelo de parecerse a papá (el modelo médico, entiendo). La lógica de los libros de recetas es bien simple y sin duda atractiva, el trabajo del clínico sería realizar un diagnóstico exacto, abrir su libro de recetas y elegir el (o diseñar) la receta (intervención o paquete terapéutico) que “científicamente” mejor se adecue al trastorno que tenemos delante (quedamos en que la persona que lo acompañaba esperaba fuera). Yo, que soy un desarraigado (he pedido una prueba de paternidad al modelo médico ese) y que además, no tengo costumbre de tratar con trastornos, prefiero a las personas. Me inclino más por la Guía Michelín que por los libros de recetas, que sí, que las recetas pueden estar bien, pero si no hay cocinero, mal vamos.



Pues eso, que si nos vamos a aquella evidencia que no ven los que se basan en la evidencia (trabajos de Kim, Wampold y Bolt en el 2006 sobre los resultados del TDCRP, de Beutler en el 2004 o Christ-Christoph durante los 90) la varianza en los resultados en psicoterapia explicada por la utilización de uno u otro modelo/técnica (excluyendo imposiciones de manos, liberaciones de los chacras y revitalizaciones del karma, entre otras psicomagias) no llega al 1% en los estudios más optimistas y ronda el 0% en muchos otros, sin embargo la varianza entre resultados explicada por los terapeutas está entre el 6% y el 9%, una cifra realmente relevante considerada la elevada influencia de los factores considerados como extraterapéuticos (placebo, apoyo social, recursos de los clientes… la vida, que a veces también echa una mano) que sería responsable de un 87% del cambio. En resumen, las conclusiones que podemos extraer de esta evidencia que no resulta evidente a los que claman por la evidencia es que la efectividad de un proceso terapéutico no dependerá tanto de que el modelo/técnica elegido sea bueno o malo, como de que el profesional escogido sea bueno o malo.






Los autores, defendiendo su libro de recetas preguntan por ¿qué garantía tiene Vd. cuando acude a un psicólogo, de que va a ser atendido según un paradigma o técnicas que hayan demostrado su eficacia desde el punto de vista científico?, yo defendiendo mi Guía Michelín contesto; seguro que más garantías que aquellas que le aseguren que el psicólogo que le atienda haya demostrado su eficacia desde el punto de vista científico.



Supongo que al margen de que existan terapeutas reguleros y otros con una, dos o tres estrellas Michelín, será mejor que nos dejemos de listados y expliquemos a la gente que la mayoría de los y las terapeutas son efectivos en la mayoría de las ocasiones (que lo son).

3/11/11

MAGUILA NOS PIDE CUENTAS



Según un informe del Comité científico de riesgos sanitarios y medioambientales de la Comisión Europea, en Europa se utilizan cada año más de 12 millones de animales en investigación científica, de ellos más de 100.000 son primates no humanos. En la actualidad, acuerdos internacionales regulan la utilización de animales para la experimentación, básicamente en la actualidad debe evitarse la utiliación de animales siempre que sea posible substituirlos por otros procedimientos (utilización de modelos matemáticos, tejidos, etc) y en el caso de que haya que trabajar con ellos se tomarán medidas para que sufran el menor daño posible.

Sin embargo, declaraciones de buenas intenciones, no pueden eliminar siglos de utilización de animales para la investigación de modo totalmente innecesario, tantos años de tortura no pueden ser gratuitos para la especie humana, que tiene una deuda histórica para con las otras especies. En la Fundación Monos No (FUMO-NO) creemos que no hay perdón sin compensación, creemos que la especie humana debe trabajar para reparar el daño causado.

Hay que decir que los niños humanos son genéticamente muy similares a las crías de otros primates, lo que los convierte en candidatos ideales para la realización de pruebas de seguridad con fármacos. Así que en FUMO-NO, nos pusimos a trabajar; durante más de 20 años hemos experimentado administrándoles a individuos jóvenes de la especie humana Metilfenidato. Se han realizado pruebas con todos los formatos de administración posibles, en distintas dosis y durante períodos de tiempo indefinidos, para extremar las medidas de seguridad durante los últimos años hemos optado por utilizar individuos cada vez más jóvenes, incluso por debajo de los tres años.

Tras más de dos décadas de investigación con humanos, y a pesar de las advertencias en cuanto a posibles efectos adversos, el Dr. Donald Mattison y sus colegas, desoyendo las recomendaciones de la comunidad científica, se ha decidido a probar el metilfenidato con monos Rhesus (Macaca Mulatta), observando fenómenos hasta ahora desconocidos en humanos. Pueden leer el Abstract
AQUÍ. Según el trabajo de Mattison, el Metilfenidato podría retrasar la pubertad en los monos. En el experimento se observó un retraso en el descenso y desarrollo testicular, así como una menor concentración de testosterona en sangre. Si bien hay que decir que al finalizar el experimento después de 40 meses (me salen más de tres años) estas diferencias desaparecen.

Antes de nada aclarar que nuestra intención era buena, y que desde FUMO-NO no podemos explicarnos como se nos escapó tras tanto tiempo de experimentación con millones de niños, que los estimulantes podían tener efectos indeseados. De cualquier manera de este trabajo hemos podido extraer algunos aspectos positivos.

El experimento abre un interesante campo en cuanto a posibles usos del Metilfenidato; las monas (Macacas Mulattas) adultas jóvenes podrían retrasar la edad del pavo de sus crías hasta adquirir las destrezas necesarias.

Por otra parte, este trabajo ha desbancado totalmente la absurda y extremadamente psicologicista hipótesis de la fijación edípica en el famoso caso del mono Amedio, parece claro su comportamiento podría ser consecuencia de algún desequilibrio hormonal.

De cualquier manera desde FUMO-NO nos comprometemos a seguir trabajando antes de seguir probando el Metilfenidato en otras especies no humanas.