
Por una parte podemos plantearnos que el comportamiento violento del fulano se debía a la acción de la substancia química en cuestión, en este sentido me confieso algo escéptico, aunque Alisson Bass nos cuenta aquí algunas cosas sobre la posible relación entre los antidepresivos y comportamiento violento, aportando ejemplos varios, de señores de bien, de traje y corbata que convierten su domicilio familiar en una casquería (me suena algo sensacionalista, pero es para ponerse alerta). En caso de aceptar esta premisa, no sería mala idea evitar recetárselo a residentes que pasan sus días en el caldero por muy depres que se encuentren, por aquello de que a veces en las cárceles hay gente con algo de genio.
El segundo planteamiento es el que más me preocupa, y es que; el hecho de tomar un antidepresivo se constituya en una prueba de la existencia de enfermedad mental. En numerosas ocasiones podemos ver en la prensa tras el relato de alguna barbaridad aquello de -fuentes cercanas a la familia (una tía cotilla) afirman que el presunto asesino (presunto, a persar de todo) estaba a tratamiento psiquiátrico. Siendo esta la confirmación sin lugar a dudas de que al señor le flojeaba alguna tuerca. Este giro lingüístico es el que a mí me mete miedo, en el que el tratamiento es el que confima la enfermedad, no indica una dirección a la salud sino el propio estatus de enfermo. Será por tanto, un enfermo psiquiátrico aquella persona que siga un tratamiento psiquiátrico, siendo finalmente el tratamieto el principio dormitivo que explica el propio concepto de enfermedad mental... como aquél que explicó el galeno de la obra de Molière como causa y razón de que el opio haga dormir a las personas (que éste posee un principio dormitivo).
Advertencia: esta entrada puede provocar somnolencia, esos efectos no se deben (de ninguna manera) a que sea un coñazo infumable, si no a que provablemente posea algún principio dormitivo.




