19/5/12

BREOGÁN Y LA KRIPTONITA

Hoy me ha dado por ponerme demagógico, y es que me apetece y aquí hago lo que me da la gana, algunos lo agradecen.

Breogán es un niño de 6 años, los cumplió en enero, como todos los años. Tiene esa puñetera manía, la de crecer demasiado rápido como para que a mí me dé tiempo a adaptarme. Es terriblemente guapo el tío (en eso salió a su madre) habla por ambos codos y el de repuesto (en eso también salió a su madre), tengo la impresión que en los últimos años me han crecido bastante las orejas (bendito Lamarck). A veces también hace cosas que me hacen pensar que yo también tuve algo que ver, pero lo que más me satisface es cuando reconozco cosas que son de él, que pertenecen al carácter de Breogán y nadie se puede apropiar de eso. Cuando hablo de mi hijo, al margen de miopías parentales (que si listo, que si guapo, que si bueno, que lo es) me gusta decir que el tío me cae muy bien. A veces él, al margen de miopías filiales (todavía cree que soy el más fuerte y el segundo más listo después de su madre) también me hace saber que le caigo bien.

Breogán tiene superpoderes. Tiene supervelocidad; aunque no avanza muy rápido en la carrera, mueve las piernas muchísimo. Además tiene visión doble, al principio pensamos que era cosa de niños o quizá un delirio, pero efectivamente, tiene visión doble (pone los ojos bizcos y ve la imagen por duplicado), todavía no le encontramos utilidad pero seguro que pronto se le ocurre algo. Es capaz de saltar seis escalones del portal del edificio en que vivimos, él está decidido a saltar desde el octavo, se pone en posición, pero ahí están los miedos de los padres limitando el desarrollo de nuestros hijos (¡que no se te ocurra, chaval!) Dice que quiere volar, está muy emperrado con la idea. La luna siempre le sigue cuando se mueve, no sabe porqué, pero supongo que le hace sentirse bien. También entiende a los árboles, al resto de las plantas no, pero sí a los árboles, además dice que a los árboles les gusta que haya alguien que los entienda. También tiene la capacidad de hacerme desaparecer cuando ve “Hora de Aventuras” (los programas para niños son cada vez más surrealistas, me gusta), tiene la capacidad de no oír nada de lo que digo e incluso con su supervisión puede ver a través de mí si me coloco delante de la tele (aunque esta capacidad sólo le dura unos segundos). Tiene bastante claro su futuro profesional y aunque duda, tiene claras algunas opciones: quiere ser superhéroe, cocinero (como mamá) o científico, quiere inventar una máquina para no tener que trabajar (¿había dicho que es listo?). De vez en cuando se pregunta porqué no puede casarse con su madre (Sigmund, ¡silencio! no sea usted cochino). El muy petardo está planeando como va a ser su vida cuando su madre y yo palmemos (hombre precavido). Le gusta silbar, puede estar silbando horas, a veces es más melódico y otras veces… pues un coñazo. Muchas veces tengo la absurda impresión de que es feliz.

Y aunque a los papás siempre les gusta pensar que su hijo tiene algo de especial… probablemente sólo sea un niño (o tanto como eso).

El caso es que algunos no se han enterado todavía de qué va eso de ser niño. No se han enterado de que a veces por su seguridad debemos impedirles que salten desde el octavo escalón (siempre con cierta duda de que podrían hacerlo) pero que los superpoderes son buenos, a todos nos gustaría tenerlos. Pero nada, siempre hay un estúpido buscando reservas de Kriptonita.

Esta tontería viene a que esta noche estuve revisando para ver que había de nuevo en el Archives of General Psychiatry y se me pusieron los pelos de punta. Se me puso la carne de gallina al darme cuenta de que mi superhéroe particular tenía edad suficiente para ser sujeto de estudio en un ensayo en el que se comparaba el efecto del litio, el valproato (un anticonvulsivo), y la risperidona (un antipsicótico) en niños diagnosticados de trastorno bipolar que no habían recibido tratamiento farmacológico previo. Tres drogas muy potentes con muy duros efectos segundarios en adultos y desconocidos efectos en el desarrollo del SNC de un niño de 6 años (o cada vez más conocidos pero poco agradables).

El ensayo está dirigido por una tal Bárbara Geller, que junto con nuestro amigo Biederman es una de las principales defensoras y promotoras del diagnóstico de trastorno bipolar infantil y de la medicación psiquiátrica para estos niños, junto con el pillín de  Biederman también forma parte del comité asesor de la Balanced Mind Foundation (dime con quién andas…). La doctora es una hacha de esto, tanto vale para un roto como para un descosido, ahora se empeña en convertir en zombis a chavales en edad preescolar, ahora asesora a la FDA para que aprueben el Seroquel como coadyuvante para la depresión (todo el mundo sabe que anima un montón).

Este trabajo, obviamente no tiene grupo control con placebo. Claro, no se podría dejar a niños con tan terribles trastornos mentales sin un tratamiento apropiado (sería una irresponsabilidad). Obviamente también, el tiempo de duración del ensayo no es muy largo, sólo 8 semanas. Curiosamente si nos vamos al registro de ensayos del NIH en ClinigalTrials.gov el tratamiento fue administrado durante 16 semanas, pero las medidas de mejoría y de efectos secundarios ser realizan a las 8 semanas (seguro que los resultados a las 16 semanas eran mucho mejores, a mas tratamiento mejores resultados, y los efectos secundarios en este tiempo se diluirían, pero prefirieron publicar resultados a las 8 semanas por una cuestión de honestidad, que buena gente). 

Los resultados me importan poco, de entrada no soy partidario de quimioterapias del comportamiento en niños, por muy bien que funcionen. Aunque dicen que para los super-poderes lo que mejor funcionó fue el antipsicótico, aunque parece que tiene “potenciales” efectos metabólicos serios (potenciales, dicen). Además identificaron importantes efectos secundarios en todos los grupos en 8 semanas de tratamiento (para tratamientos que suelen administrarse de forma crónica). Pues eso, que al margen de los resultados me llamaron la atención algunas cosas, por ejemplo que el 100% de los sujetos de la muestra exhibían comportamiento eufórico o grandiosidad. Y me pregunté qué carajo era la grandiosidad en un niño de 6 años (temblé al pensar en los superpoderes de Breogán). Buscando información, encontré que a parte de la medida primaria (Impresión Clínica Global, que es una medida muy impresionante, es lo que tienen las impresiones) había una escala de manía para niños. Encontré una versión de la Children Maniac Rating Scale en inglés para padres, que consiste en una escala de 21 ítems con cuatro posibilidades de elección (nunca o raras veces, a veces, a menudo y muy a menudo) y claro me puse a ello con mi progenie en la cabeza. Me encontré con que entre los expertos en el trastorno bipolar infantil, está mal visto que los niños tengan superpoderes y eso me preocupa, no ven bien que un chaval crea que puede hacer cualquier cosa (como ser el mejor jugador de baloncesto del mundo), que sea super-feliz durante horas, que intente poner a prueba sus superpoderes aunque esto suponga un riesgo para él, que tengan demasiada energía, que hablen mucho, que sean “inusualmente productivos o altamente creativos”, que sean “demasiado” sociables, que hagan bromas, rían alto o se comporten de una forma absurda, tampoco es bueno que oigan o vean cosas que nadie oye o ve.

Pero todo superhéroe tiene su Kriptonita, los tres grupos (litio, valproato y risperidona) mejoraron en relación a esta escala. Me imaginé que pasaría si Breogán se acercara a la Kriptonita, quizá dejaría de intentar despistarme para ponerse a prueba desde el octavo escalón, o escabullirse para intentar volar de la cómoda a la cama, o dejaría de silbar, o perdería su habilidad para entender a los árboles, o quizá incluso desistiera en su proyecto de ser super-héroe o científico y comenzara a planear hacerse funcionario… o registrador de la propiedad. Quizá los necios amantes de la Kriptonita consideren esto una mejoría, pero así a mí, Breogán no me caería tan bien. 

Por cierto, el ensayo incluye a 279 chavales a los que probablemente les hayan arruinado la vida (mecagoentodo), ojalá no sea así. Los experimentos… con gaseosa (por favor). 

10 comentarios:

Raúl y Almu dijo...

Gallina de piel!!! Uffff...


No se me ocurre nada más.

Abrazos!!

Jordi Badia dijo...

Antonio, mi hijo también es un superhéroe, y al parecer comparte algunos poderes con el tuyo. A la kryptonita ni acercarse pues a mi me cae bien con sus superpoderes.
Me sumo al "mecagoentodo", el mundo está lleno de villanos.
Abrazos.

Jony Benitez dijo...

Ufff. El presidente de nuestro pais es registrador de la propiedad. Todo tiene sentido ahora. todo cuadro.
grande olivex!

Monica Pontevedra dijo...

Muy bueno,Antonio.Gracias por hacer que a los niños tengan un mundo con menos villanos.Pienso en mi peke de dos años y se me ponen los pelos de punta.

Unknown dijo...

Superpoderes...yo también los tengo a veces, y ni de coña me acerco a la kriptonita. Resiste Breogán, nadie dijo que ser superhéroe fuese fácil!
Acabaremos con ellos sí o sí. Mecagoentodo lo que los mueve.

Miguel dijo...

lo twiteo, lo recomiendo y me pongo a rezar -a no se quién- para que la norma no aplaste a lo normal
Ojala las reflexiones y comentarios de blogs y redes sociales sirviese para algo...
Abrazos:
Miguel

Jesús Castro Rodríguez dijo...

O hay mucho imbécil suelto o mucho hijoputa. Está claro.

Yo, que tengo cuatro, imagínate la de cositas "medicable" y "tratables" que he podido ver.
Confieso que en la consulta tengo una gran dificultad en encontrar anomalías tratables en los críos, por lo que casi siempre acabo tratando con sus papás y mamás. Pero claro, debe de ser cosa mía. Como en mi casa yo trabajo como quiero, siempre recomiendo buscar otra opción en la consulta de la esquina, si es que no les parece bien mi forma de abordar el tema.
Abrazos.

Gustavo P dijo...

Yuyu. SuperYuyu.
Por cierto un post relevante al tema con algunos comentarios interesantes en Neuroskeptic hace poco:
http://neuroskeptic.blogspot.com.es/2012/05/child-bipolar-disorder-still-rare.html
Entelequias...

Anónimo dijo...

Os conozco a casi todos por vuestros blogs, gracias a vosotros, mis superhéroes, mi hijo no tiene TDAH y todo va mejorando. Por lo menos hábeis conseguido "salvar" a uno. Ánimo, confiamos en vosotros y gracias por vuestro trabajo.

txelu dijo...

Antonio, yo creo que deberían inventar una antikryptonita más que andar haciendo el imbécil...Tu hijo no tiene el superpoder de hablar con otros niños que ni siquiera están a su lado? Algunos lo llaman "amigo imaginario" pero yo estoy convencido de que pueden hacerlo...Y sí, el mundo está lleno de super villanos...