13/4/10

CÓMO MATAR LO EXCEPCIONAL










Hay un señor de los Estados Unidos, que tiene un programa de radio que oyen más de 2,5 millones de personas (me salen cinco millones de orejas) que es listo entre los listos, licenciado en todología por la Universidad de … y otras. El caso es que de Thom Hartmann dicen que sabe un montón de un montón de cosas, además del currele en la radio, es empresario, escritor y analisto político, además fue psicoterapeuta y parece que es Master en Yerbología por nosequé universidad de lo propio y doctor en medicina homeopática. Vamos, el cinturón negro de los listos.

El caso es que, a primera vista el currículum tira para atrás, da un poquito de miedo. Pero resulta que el hombre ejerce de listo en un tema de los que me gustan, eso de la hipercreatividad, tema sobre el que tiene algunos libros, el primero escrito ya en 1992, algo así como “TDAH: una percepción diferente”, el último sobre el tema tiene un título aún más atractivo “El gen Edison: TDAH y el don del niño cazador”. Su teoría sobre el invento este de la hiperactividad se resume en algo así como que los niños con este diagnóstico son el equivalente a cazadores en un mundo de granjeros de ahí sus dificultades, o las que se les crean. Entiende algunas de las características “sintomáticas” que definen el diagnóstico como cualidades fundamentales para la evolución de la humanidad.

Una de estas características, según Hartmann es el pensamiento divergente (que llamamos creatividad), que por otra parte es una cualidad común del pensamiento de los que siempre hemos reconocido como genios. De ahí lo del gen de Edison, al que un profesor visionario mandó a su casa diciendo que tenía el cerebro podrido. Me encantaría saber qué pasaría si a principios del S.XX hubiéramos gozado de la alta tecnología psico-farmacológica y pudiéramos haber corregido el disruptivo pensamiento divergente e hipercreativo del señor Thomas Alba Edison, de manera que ajustase sus maneras a lo que de él se esperaba en su colegio, a él y a Mozart a Einstein y a Leonardo Da Vinci. Ahora es más fácil, creamos un canon de normalidad, con el que estén todos contentos; los profes (muchos prefieren tratar a pensadores convergentes, analíticos, lógicos… a esos que ellos pueden entender), los padres (que el niño me salió rarito) y los que nos dedicamos a esto junto con los vendedores de pirulas, ajustamos al personal a los moldes aunque sea a presión… y en el camino de la homogenización, en la lucha por la normalidad, nos perdemos lo excepcional (como los señores anteriormente mencionados).

Me gusta la idea de que el señor este, nos haga conscientes de que esto de la adaptación o inadaptación es una moneda con dos caras, por una parte está el elemento a adaptar y por otra el molde. Que estrujar la masa hasta que quepa en el molde es una opción (así todos igualitos) pero que también habría que pensar en la posibilidad de contar con moldes flexibles, en los que los excepcionales también quepan, al menos por el bien de la humanidad.

El amigo Hartmann plantea como ejemplo, la supuesta facilidad para “distraerse” o la supuesta dificultad para mantener la atención en una actividad, puede ser entendida como un déficit, pero también puede ser interpretada como una hiperreactividad, es decir la facilidad para tener Respuestas de Orientación ante estímulos mínimos, lo que quizá sea una dificultad para un profesor que intenta manejar un aula con 25 fieras, pero que probablemente le pueda salvar la vida al “cazador” que se enfrenta a otro tipo de fieras permitiéndole reaccionar de forma rápida y efectiva sin necesidad de un análisis de la situación.

Este señor describe distintas cualidades que disfrutan los niños hipercreativos que no podemos disfrutar el común de los mortales comunes : grandes cantidades de energía, la habilidad de ver cosas que los demás nos perdemos, intensa concentración cuando se suscita su interés, curiosidad y creatividad, la habilidad de pensar y ver distinto de los demás etc.

Pero… tranquilos, eso se cura.

2 comentarios:

Jesús Castro Rodríguez dijo...

Yo los sigo buscando, pero no los encuentro. ES que soy muy malo diagnosticando....
Saludos.

Juan M. Vazquez e Idoya Jarabo dijo...

No hace falta, te los envían ya diagnosticados desde el colegio o el pediatra...je,je