10/12/09

LAS VENTAJAS DE NACER EN LA TRINCHERA

Hace tiempo que abandoné a Minuchin. El no me echó en falta lo sé, pero el caso es que lo abandoné y con él a otros. En la sencillez está la elegancia me dije, y con la navaja de Occam me corté un traje a mi medida (últimamente le doy vueltas a la idea de que las técnicas y los modelos curan más al terapeuta que a sus clientes, por eso repetiré “a mi medida” y no a la medida de mis clientes), un traje sencillito, sin estridencias, sota, caballo y rey. Creo que fue una buena idea (si es que fue una idea). Últimamente las circunstancias me han hecho reconciliarme con los viejos maestros ¿por qué no? Por eso me gusta mi trabajo. Por eso no me aburro.

El caso es que siempre tuve suerte con el chollo, nunca me ha faltado y presumo de que siempre he ido a mejor, al principio era fácil mejorar, el primero remunerado fue cavando zanjas para canalización, dejé el boli que usaba en la universidad y agarré el pico y la bellota. Desde ahí sólo podía ir hacia arriba. Lo del gabinete hasta ahora fue una segunda actividad (o una primera), siempre estado abonado al pluriempleo. Con la otra actividad he tenido variaciones últimamente. He terminado con el chollo de cuasifuncionario; siete horitas diarias en una silla de las cómodas, con reposapiés; mis hojas de cálculo, mis bases de datos, mis porcentajes, mis indicadores y mis cosas y he comenzado con otro menos cómodo pero claro, mucho más excitante, en una fundación de protección a la infancia, trabajando con familias para que puedan preservar a sus hijos en su casa o para que puedan recuperarlos cuando ya han sido tutelados.

Alguno de los que me veía llegar decía (lo sé, me lo contaron), que pena de chaval. Ahí va Antonio ilusionado, con su formación y sus libros a pegarse de bruces con la realidad. Es cierto que la cosa era distinta, ya no se trata de clientes “desmotivados” o “resistentes” a los que se les presupone al menos la motivación justa para soltar la mosca al final de cada sesión. Ahora se trata de clientes que no lo son, chavales a los que casi les triplicas la edad que te miran conscientes de que en verdad han vivido tres veces más que tú, familias que hacen aguas por los cuatro costados y el de repuesto, que su “objetivo terapéutico” es que no les corten la luz o volverla a recuperar, “multiproblemáticas” les dicen (al menos dos: un problema y tú). Otras veces es mejor.

Entonces me puse a pensar (sí, lo siento). Por una parte en un antiguo profesor, antiguo no por lo viejo, que no lo es. Y en aquella forma no exenta de cierto desprecio, que tenía de referirse a aquellos que defendían sus teorías de diseño nacidas y engordadas con el mejor pienso en la universidad y que al final eran los que cortaban el bacalao “sin haber estado nunca en la trinchera”, sin haber visto nunca un paciente (después acabé pensando que en esto de las trincheras, cada uno tiene la suya). Y por otra parte me puse a pensar en cómo las teorías no nacen en el vacío, que nacen en un caldo de cultivo socio-cultural, histórico, económico, bla, bla, bla. Y a pensar que…

Que si sueltas a un montón de tíos muy listos en California en un pueblo al ladito de Silicon Valley (cuando aún no era tal) dispuestos a solucionar los problemas de algunas familias de clase media, a excombatientes de un hospital de veteranos, al tiempo que los juntas con un antropólogo probablemente mucho más listo, al que le llaman la atención fenómenos como los chistes o la esquizofrenia, probablemente funden un Instituto de Investigación Mental e inicien una forma extraña, innovadora y espectacular de solucionar problemas. Que si sueltas a otro tío listo en … pongamos… Milwaukee, con un sistema sanitario dominado por las aseguradoras, interesadas en tratamientos muy rapiditos que les salgan bien baratitos, ideará una forma sencilla, rápida y efectiva de tratar los problemas humanos. Pero si sueltas a un tío listo en medio de los barrios más pobres de Philadelphia a tratar con familias desfavorecidas de inmigrantes, familias pobres, familias “multiproblemáticas”, con las que no llega con acordar un buen objetivo (realista, objetivo, pequeño, etc, etc.) A lo mejor el tío se pone a pensar un poco más complejo, que si estructuras y cosas así. Y entonces me di cuenta que los Child Guidance americanos, en los que nació una parte de la terapia familiar ya se hacía esto de la “protección de menores”, y me di cuenta que la realidad social de los barrios pobres de Philadelphia en los 60, no podía ser mucho mejor que la realidad social actual de Ferrol, Quiroga, Vilagarcía o Xinzo. Y entonces hinché el pecho, ahí voy con mi formación y mis libros, porque esos libros se escribieron en trincheras, no en un despacho cómodo de Universidad. Sí, en Palo Alto (California) y en Milwaukee, pero también en los barrios pobres de Philadelphia, atendiendo a chavales con diagnóstico de esquizofrenia y delincuentes en Washington o viendo niñas anoréxicas en Milán.

Que al final pienso yo (otra vez), que si sueltas un tío listo a finales del XIX, principios del XX en medio de una Europa victoriana reprimida, llena de histéricas (ninguna intención machista, la descripción de la época). Seguro que va el tío e inventa el psicoanálisis.

Y me pregunto yo, si como al hijo pródigo Don Salvador me acogerá en su seno.

2 comentarios:

Jesús Castro Rodríguez dijo...

Jajajajja. Buenísima. Y digo yo, ¿porqué hay que ir tomando y dejando?...
Yo a estas alturas aspiro solo, y creo que no es poco, a dar lo que puedo en cada situación.
Te explico: hace unos añitos al club de Leones (se llamaba y se llama así, no me preguntes el motivo) de Tenerife se le ocurre traerse a un mogollón de refugiados Bosnios al municipio de Los Silos. Una compañera de la facultad me pide ayuda para poder evaluar a esas personas, para su tesis, y de paso ver que se puede hacer. Imagínate: ellos de español poquito, salvo los niños que mejor. NOsotros español e inglés. ¿En qeu ayudamos?. En lo que pudimos, y creo que lo agradecían. A veces mi día en los Silos, consistía en organizarle a los chavales un partido de futbol. A veces, simplemente en escuchar lo que buenamente podían decirme.
Y respecto a la distancia tremenda entre la facultad y la practica clínica, dices bien. Salvo en algunos casos, en los que se nota, la mayor parte, teoría y punto.
Minuchín te acoge de nuevo, seguro, creo que nunca te fuiste, jajajaj.
Saludos.

etiquetada dijo...

Hola:

He recordado al leer esta entrada tuya que Amnistía Internacional tiene una ciberacción para denunciar los abusos que se cometen en los centros de mebores, aunque seguro que ya lo sabías. Entre otros abusos, como la sujección con correas o la incomunicación, menciona el uso coercitivo de la medicación psiquiátrica.