19/5/12

BREOGÁN Y LA KRIPTONITA

Hoy me ha dado por ponerme demagógico, y es que me apetece y aquí hago lo que me da la gana, algunos lo agradecen.

Breogán es un niño de 6 años, los cumplió en enero, como todos los años. Tiene esa puñetera manía, la de crecer demasiado rápido como para que a mí me dé tiempo a adaptarme. Es terriblemente guapo el tío (en eso salió a su madre) habla por ambos codos y el de repuesto (en eso también salió a su madre), tengo la impresión que en los últimos años me han crecido bastante las orejas (bendito Lamarck). A veces también hace cosas que me hacen pensar que yo también tuve algo que ver, pero lo que más me satisface es cuando reconozco cosas que son de él, que pertenecen al carácter de Breogán y nadie se puede apropiar de eso. Cuando hablo de mi hijo, al margen de miopías parentales (que si listo, que si guapo, que si bueno, que lo es) me gusta decir que el tío me cae muy bien. A veces él, al margen de miopías filiales (todavía cree que soy el más fuerte y el segundo más listo después de su madre) también me hace saber que le caigo bien.

Breogán tiene superpoderes. Tiene supervelocidad; aunque no avanza muy rápido en la carrera, mueve las piernas muchísimo. Además tiene visión doble, al principio pensamos que era cosa de niños o quizá un delirio, pero efectivamente, tiene visión doble (pone los ojos bizcos y ve la imagen por duplicado), todavía no le encontramos utilidad pero seguro que pronto se le ocurre algo. Es capaz de saltar seis escalones del portal del edificio en que vivimos, él está decidido a saltar desde el octavo, se pone en posición, pero ahí están los miedos de los padres limitando el desarrollo de nuestros hijos (¡que no se te ocurra, chaval!) Dice que quiere volar, está muy emperrado con la idea. La luna siempre le sigue cuando se mueve, no sabe porqué, pero supongo que le hace sentirse bien. También entiende a los árboles, al resto de las plantas no, pero sí a los árboles, además dice que a los árboles les gusta que haya alguien que los entienda. También tiene la capacidad de hacerme desaparecer cuando ve “Hora de Aventuras” (los programas para niños son cada vez más surrealistas, me gusta), tiene la capacidad de no oír nada de lo que digo e incluso con su supervisión puede ver a través de mí si me coloco delante de la tele (aunque esta capacidad sólo le dura unos segundos). Tiene bastante claro su futuro profesional y aunque duda, tiene claras algunas opciones: quiere ser superhéroe, cocinero (como mamá) o científico, quiere inventar una máquina para no tener que trabajar (¿había dicho que es listo?). De vez en cuando se pregunta porqué no puede casarse con su madre (Sigmund, ¡silencio! no sea usted cochino). El muy petardo está planeando como va a ser su vida cuando su madre y yo palmemos (hombre precavido). Le gusta silbar, puede estar silbando horas, a veces es más melódico y otras veces… pues un coñazo. Muchas veces tengo la absurda impresión de que es feliz.

Y aunque a los papás siempre les gusta pensar que su hijo tiene algo de especial… probablemente sólo sea un niño (o tanto como eso).

El caso es que algunos no se han enterado todavía de qué va eso de ser niño. No se han enterado de que a veces por su seguridad debemos impedirles que salten desde el octavo escalón (siempre con cierta duda de que podrían hacerlo) pero que los superpoderes son buenos, a todos nos gustaría tenerlos. Pero nada, siempre hay un estúpido buscando reservas de Kriptonita.

Esta tontería viene a que esta noche estuve revisando para ver que había de nuevo en el Archives of General Psychiatry y se me pusieron los pelos de punta. Se me puso la carne de gallina al darme cuenta de que mi superhéroe particular tenía edad suficiente para ser sujeto de estudio en un ensayo en el que se comparaba el efecto del litio, el valproato (un anticonvulsivo), y la risperidona (un antipsicótico) en niños diagnosticados de trastorno bipolar que no habían recibido tratamiento farmacológico previo. Tres drogas muy potentes con muy duros efectos segundarios en adultos y desconocidos efectos en el desarrollo del SNC de un niño de 6 años (o cada vez más conocidos pero poco agradables).

El ensayo está dirigido por una tal Bárbara Geller, que junto con nuestro amigo Biederman es una de las principales defensoras y promotoras del diagnóstico de trastorno bipolar infantil y de la medicación psiquiátrica para estos niños, junto con el pillín de  Biederman también forma parte del comité asesor de la Balanced Mind Foundation (dime con quién andas…). La doctora es una hacha de esto, tanto vale para un roto como para un descosido, ahora se empeña en convertir en zombis a chavales en edad preescolar, ahora asesora a la FDA para que aprueben el Seroquel como coadyuvante para la depresión (todo el mundo sabe que anima un montón).

Este trabajo, obviamente no tiene grupo control con placebo. Claro, no se podría dejar a niños con tan terribles trastornos mentales sin un tratamiento apropiado (sería una irresponsabilidad). Obviamente también, el tiempo de duración del ensayo no es muy largo, sólo 8 semanas. Curiosamente si nos vamos al registro de ensayos del NIH en ClinigalTrials.gov el tratamiento fue administrado durante 16 semanas, pero las medidas de mejoría y de efectos secundarios ser realizan a las 8 semanas (seguro que los resultados a las 16 semanas eran mucho mejores, a mas tratamiento mejores resultados, y los efectos secundarios en este tiempo se diluirían, pero prefirieron publicar resultados a las 8 semanas por una cuestión de honestidad, que buena gente). 

Los resultados me importan poco, de entrada no soy partidario de quimioterapias del comportamiento en niños, por muy bien que funcionen. Aunque dicen que para los super-poderes lo que mejor funcionó fue el antipsicótico, aunque parece que tiene “potenciales” efectos metabólicos serios (potenciales, dicen). Además identificaron importantes efectos secundarios en todos los grupos en 8 semanas de tratamiento (para tratamientos que suelen administrarse de forma crónica). Pues eso, que al margen de los resultados me llamaron la atención algunas cosas, por ejemplo que el 100% de los sujetos de la muestra exhibían comportamiento eufórico o grandiosidad. Y me pregunté qué carajo era la grandiosidad en un niño de 6 años (temblé al pensar en los superpoderes de Breogán). Buscando información, encontré que a parte de la medida primaria (Impresión Clínica Global, que es una medida muy impresionante, es lo que tienen las impresiones) había una escala de manía para niños. Encontré una versión de la Children Maniac Rating Scale en inglés para padres, que consiste en una escala de 21 ítems con cuatro posibilidades de elección (nunca o raras veces, a veces, a menudo y muy a menudo) y claro me puse a ello con mi progenie en la cabeza. Me encontré con que entre los expertos en el trastorno bipolar infantil, está mal visto que los niños tengan superpoderes y eso me preocupa, no ven bien que un chaval crea que puede hacer cualquier cosa (como ser el mejor jugador de baloncesto del mundo), que sea super-feliz durante horas, que intente poner a prueba sus superpoderes aunque esto suponga un riesgo para él, que tengan demasiada energía, que hablen mucho, que sean “inusualmente productivos o altamente creativos”, que sean “demasiado” sociables, que hagan bromas, rían alto o se comporten de una forma absurda, tampoco es bueno que oigan o vean cosas que nadie oye o ve.

Pero todo superhéroe tiene su Kriptonita, los tres grupos (litio, valproato y risperidona) mejoraron en relación a esta escala. Me imaginé que pasaría si Breogán se acercara a la Kriptonita, quizá dejaría de intentar despistarme para ponerse a prueba desde el octavo escalón, o escabullirse para intentar volar de la cómoda a la cama, o dejaría de silbar, o perdería su habilidad para entender a los árboles, o quizá incluso desistiera en su proyecto de ser super-héroe o científico y comenzara a planear hacerse funcionario… o registrador de la propiedad. Quizá los necios amantes de la Kriptonita consideren esto una mejoría, pero así a mí, Breogán no me caería tan bien. 

Por cierto, el ensayo incluye a 279 chavales a los que probablemente les hayan arruinado la vida (mecagoentodo), ojalá no sea así. Los experimentos… con gaseosa (por favor). 

25/4/12

A PREGUNTAS CIRCUNFLEJAS, RESPUESTAS BARBITÚRICAS (o algo así)

Hoy he hecho un experimento, y aunque los resultados no me sorprendieron, no por ello son menos interesantes, así que los voy a compartir. Ahí va el Abstract (cuidado, alta dificultad):

Método: Cogimos a un tipo algo friki, preferiblemente con pocos amigos y limitada vida social (con tiempo para perder, vamos), en este caso llamemos a nuestro sujeto “El Menda” por aquello de mantener el economato. Lo ponemos delante del teclado de un pecé, se abre el navegador (El Menda usa Opera), vamos a Google y que se ponga a escribir cosicas… a ver que sale.

Resultados:

a) El Menda, escribe “Depresión” resultados: 21.400.000 (una porrá), se salta el primero (la Wikipedia) y vamos al segundo: una publicación del NIMH (cosa seria, señores serios, listos, con gafas gordas, pensando mucho) dice que es “Un folleto detallado que describe los síntomas, causas, y los tratamientos para la depresión, con información sobre como conseguir ayuda y sobrellevar la enfermedad”. Lo miramos, efectivamente, cuenta de que va, cuales son los síntomas… nos vamos a las causas; dice “parece ser el resultado de una combinación de factores genéticos, bioquímicos, y psicológicos” “Además, hay importantes neurotransmisores, sustancias químicas que las células del cerebro utilizan para comunicarse, que parecen no estar en equilibrio” (el neurotransmisor funambulista fracasado). Destacado en un recuadro aparece “Investigaciones indican que las enfermedades depresivas son trastornos del cerebro.”

b) El Menda escribe “Esquizofrenia”, resultados: 7.020.000, pasamos de la Wikipedia, lo siguiente es un artículo en un portal psiconosequé (menos prestigio que el NIMH, pero hay que seguir el método), no hay epígrafe “causas” pero lo más parecido que nos encontramos es que: “Se puede observar un aumento del tamaño de los ventrículos cerebrales en los enfermos esquizofrénicos. Hay también un exceso de la actividad de los neurotransmisores dopaminérgicos”

c) El Menda escribe “Trastorno bipolar”, resultados: 3.460.000, repetimos el procedimiento (paso de Wikis), sale un folleto del NIMH “Trastorno Bipolar (fácil de leer)” Causas: dice “Varios factores pueden contribuir al trastorno bipolar, entre ellos:  los genes, porque la enfermedad es hereditaria y la anormalidad en la estructura y función del cerebro.”

Pues eso… no hay sorpresa, los “trastornos mentales” tienen una causa biológica, instituciones serias nos lo dicen con cierta seguridad. Una afirmación repetida muchas veces que se convierte en verdad, incluso en verdad indiscutible. Indiscutible no porque esa verdad no tenga discusión, si no porque no es necesario argumentarla, es más, el que la cuestione tiene que ser algo bobo y no merece explicación.

Un bonito intento de discusión ocurrió en el año 2003, dando lugar a una curiosa historia. Un grupo de 6 “supervivientes” de tratamientos psiquiátricos que constituyeron la organización Mindfreedom iniciaron una huelga de hambre “El Ayuno por la Libertad” en defensa de los derechos humanos en “salud mental”, al tiempo que iniciaban un pulso a la APA: permanecerían en ayuno hasta que la APA contestara a su demanda de que se  les proporcionara alguna evidencia de la base biológica de los trastornos mentales (algún examen médico que pueda servir para el diagnóstico, alguna evidencia de niveles de neurotransmisores “normales” o “equilibrados” , algo, lo que sea). 

La respuesta de la APA vino de la mano del Dr Scully y fue la misma respuesta que daría su homónima televisiva… “la verdad está ahí fuera”. En resumen, contesta que sí, que se pongan como se pongan hay muchísima evidencia de esa accesible en la literatura médica desde hace muchos años… y que la busquen… pueden ir empezando por estos manuales (es que escribir las referencias sobre investigaciones concretas le daba pereza, al hombre): se miran ustedes el "Mental Health: A Report of the Surgeon General." También “Introductory Textbook of Psychiatry (3ª edición)” - éste es facilito para gente que esté verde en esto de la psiquiatría (dice) o el "Textbook of Clinical Psychiatry (4ª edición)" además se pueden mirar todos los números del American Journal of Psychiatry y de Archives of General Psychiatry que además también los podéis ver Online.

Atención al intercambio ¿Me puede proporcionar alguna evidencia de esto? – siiii hay muchísima, busca que seguro que encuentras algo.

El caso es que los huelguistas contaban con el apoyo de un comité científico para revisar la respuesta de la APA compuesto por 14 psiquiatras, aunque de los que tienen pocos amigos en la organización (entre ellos Mosher o Breggin). Pues bien, el comité científico a pesar de que la respuesta de Scully parecía un cachondeo, se la tomaron muy en serio, y aunque no revisaron los 60 volúmenes de la AGP o los 160 del AJP, sí que se pararon a revisar los manuales recomendados, recogiendo en estos manuales distintas referencias al desconocimiento de las causas de la enfermedad mental, la ausencia de correlaciones físicas, a la imposibilidad de establecer correlaciones entre enfermedades mentales y cualquier lesión, a la inexistencia de marcadores biológicos, a la inexistencia de pruebas que demuestren las hipótesis químicas e incluso afirmaciones que ponían en duda las categorías diagnósticas como válidas. El grupo huelguista respondió a la carta de Scully, indicando todas estas referencias, de manera que seguían a la espera de referencias más convincentes.

Atención de nuevo al intercambio ¿Me puede dar evidencia de esto? –Siiiii hay muchísima, mírate este libraco a ver si encuentras algo, -Mire usted, es que aquí pone lo contrario.

La contrarréplica de la APA fue: -ffffffuuuuuuuuuiiiiiiiiiiuuuuuuuu (sonido de viento de fondo), cruza la pantalla una bola del desierto, ffffuiiiiuuuuuu (más viento)… silencio.

De cómo la comunidad científica puede hacer el ridículo en público sin que pase nada. Y seguirán publicándose manuales (fáciles de leer), en los que se explique al personal eso de que “la investigación a demostrado que…”, “existen pruebas de…”, “sabemos que…”, “desde hace mucho tiempo se sabe que…”

De paso mírense ustedes la web de Mindfreedom, está interesante.  

1/3/12

ENTRE CENIZO Y CONSPIRANÓICO

Está de más decir que han pasado una serie de cosas últimamente que hacen que en general se respire cierto optimismo, especialmente entre algunos amigos de la red, como éste, éste o éste. Leo durante las últimas semanas aquello de que las cosas están cambiando, que parece que pudiera empezar a agonizar aquella forma de pensar las psi que tienen su foco en el espacio intersináptico y que de repente muchos se pueden empezar a dar cuenta de que alrededor de ese espacio hay más cosas, los más aguerridos y valerosos que se atrevieron a aventurarse más allá, se han llegado a encontrar (dicen) personas (humanas… eso dicen).

Este optimismo tiene que ver con que de repente, cosas de las que teníamos cierto conocimiento (especialmente en relación a la no-efectividad de los ISRS para el tratamiento de la depresión o a los vínculos de la industria farmacéutica con la psiquiatría) se han hecho más evidentes… más de dominio público. Me refiero a una serie de artículos publicados por el Infocop, así como la referencia de la OCU y otros organismos.

Bueno, el caso es que yo tengo la mosca detrás de la oreja, no soy capaz de de compartir el optimismo de mis colegas. He barajado un par de hipótesis; la primera y más evidente es que esta mañana me he saltado la pastilla y ando a vueltas con algún delirio conspiranoide… mañana se me pasa. La segunda (y esta me preocupa más ) es que probablemente mi desconfianza tenga que ver con algún deseo inconsciente (me lo voy a mirar con mi amigo Jony Benitez, que en esto del deseo y de lo inconsciente está mucho más puesto que yo) y es que creo que los fajadores tenemos un puntito masoquista (Jony… te necesito) y nos gusta que nos tiren golpes, no hay nada más molesto que un oponente que evita la confrontación. Seguro que hay otras explicaciones a esto que me pasa, así que acepto propuestas de mis colegas (algún pensamiento distorsionado o algo así… mírenme esto, por favor).

El artículo con el que parece que se abre la veda en el Infocop es un artículo titulado “Destruyendo los mitos sobre los diagnósticos y los psicofármacos en salud mental”, una referencia a a una revisión hecha por Marcia Angell en el “New York Times, Review of Books”, en la que se centra en las últimas publicaciones del periodista Robert Whitaker, el psicólogo Irving Kirsch y del psiquiatra Daniel Carlat. A este artículo le suceden toda una serie de artículos en la misma línea, por una parte revisando estas publicaciones y por otra reclamando la superioridad de la psicoterapia sobre la farmacología según para qué situaciones. Lo curioso de esta “iluminación” repentina y justo en este momento, es que no es una iluminación patria, al menos los españoles no son los únicos iluminados. Al tiempo que se publican estos artículos en una revista oficial y se hacen eco los consumidores en España, la televisión pública norteamericana CBS emitió la semana pasada en un programa de bastante relevancia “60 Minutes” un reportaje sobre el trabajo de Kirsch que ha tenido bastante repercusión.

Todo esto está bien, muy bien. Pero lo que no me acaba de cuadrar es ¿porqué en este momento? ¿por qué ahora y de modo tan coincidente? ¿es que ha habido nueva información últimamente? Parece que no. Lo cierto es que la revisión de Marcia Angell en el New York times fue publicada en junio del 2011, en el mes de Julio ya le había contestado el Dr. Krammer (ya se hiciera una referencia al debate en éste Rincón).

El metanálisis de Kirsch en el que se basa su libro fue publicado en Plos-Medicine (creo que una revista médica de suficiente relevancia, además de independiente y accesible a todo el mundo) en febrero del 2008 (hace 4 años), recuerdo que tuviera cierto eco en los medios (aunque duró poco). Su libro The Emperor’s New Drugs fue publicado en octubre del 2009. El libro de Robert Whitaker Anatomy of an Epidemic: Magic Bullets, Psychiatric Drugs, and the Astonishing Rise of Mental Illness in America  fue publicado en abril del 2010. Aunque su joya de la corona Mad in América en el que adelantaba algunas de las críticas, es del 2001 (por cierto, en este momento ando enfrascadísimo en su lectura, al margen de la crítica es un documento interesantísimo sobre la evolución en el tratamiento de la “enfermedad mental” desde el S.XVIII en los Estados Unidos. Altamente recomendable). El libro del Dr Carlat, The Trouble with Psychiatry—A Doctor’s Revelations About a Profession in Crisis se publicó en Mayo del 2010. Aunque las “revelaciones” de su libro son ya conocidas desde hace tiempo para los que seguimos su blog, que intenta apostar por una “psiquiatría honesta” desde el año 2007.

Por lo tanto, si no hay nueva información ¿qué ha pasado estos días?, sin duda que el Infocop diera el paso es importante, pero ¿por qué ahora? ¿por qué también en otros sitios del mundo? ¿por qué cuando se publicó el metanálisis en Plos-Medicine se zanjó con un artículo en El Mundo, unas declaraciones de mi psiquiatra mediático favorito en la tele (si al final, el de la nave del misterio me va a caer bien) diciendo que esto era cosa de la cienciología y con algún escrito de jefazo psiquiatra llamando a la responsabilidad de los medios para que no se hicieran eco de semejantes tonterías… con lo peligroso que es eso?

Vaya por Dios… Allison Bass, tampoco tuvo mucho cuidado con la medicación y campa por ahí, la pobre, conspiranóica perdida… o va a ser que ella también tiene deseos inconscientes …a ella también la va la marcha; es autora de Side Effects (una historia novelada en la que revela como nos colaron la paroxetina), por cierto un libro publicado también hace algún tiempo (2008), por una periodista de enorme relevancia y muy premiada por su trabajo. Pues bien, nuestra amiga Allison (la pobre) nos hace pensar que, quizá el hecho de que los ISRS reinantes (fluoxetina y paroxetina) ya no cuenten con la protección de patentes, unido a una legislación que llevará a la prescripción por principio activo, hace que se haya relajado el control de los que controlan estas cosas (en concreto, un señor vestido de negro y con gafas de sol que me mira raro bajo mi escritorio… aaay la pastilla), por aquello de que no compensa. Steven Greer (este también está para encerrar) titula su columna televisiva diciendo algo así como “¿Y me lo dices ahora?, en la que se pregunta si el repentino descubrimiento de la dudosa eficacia de las estatinas y de sus serios efectos secundarios, tendrá alguna relación con que Pfizer vaya a perder la protección de la patente de Lipitor.

Este arrebato de desconfianza patológica me hace pensar más en un “más-de-lo-mismo” que en un cambio de tiempos, quizá la atención de los farmos se centre en otros mercados, pero me da en la nariz que la bonita flexibilidad de la psicopatología hace que sea un banco bastante atractivo y productivo como para irse a pescar a otro sitio.  Pero nada. Esta tontería se me pasa mañana… o no…


Os estaremos vigilando (pónganle tono amenazante y el careto del de arriba). Por favor, ¡que alguien le diga a este señor que salga de debajo de mi mesa! 

8/12/11

SOBRE LA INVENCIÓN DEL POST-IT O LA FABRICACIÓN DE PACIENTES ADHESIVOS


A finales de los sesenta un tal Spencer Silver inventó un pegamento que tenía la excepcional cualidad de que no pegaba, algunos años después un tal Art Fry (quizá llamarse Arte Frito te predispone a cierta creatividad) lejos de culpar de la poca adherencia del producto al papel, pensó que esta cualidad podría tener alguna utilidad e inventó el post-it.


Que estaba yo pensando en esto porque estos días unos colegas se han hecho eco de una noticia que a algunos nos causa pánico hasta el punto de que una amiga ha llegado a considerar la autolisis. Se lo cuento para el que le interese: nos enteramos por la prensa, que el mandamás del servicio de psiquiatría del Hospital Ramón y Cajal, a la sazón presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría, se presenta en rueda de prensa agarradito de la mano de otro señor que es director Desarrollo de Negocio y Relaciones Institucionales de Janssen... bien, pues ahí los dos, uno desarrollando negocio y relacionándose (que es su trabajo) y el otro no (es empleado público y eso estaría muy feo) presentan el último desarrollo “nanotecnológico” de Janssen para el tratamiento de la esquizofrenia; el Xeplión, un antipsicótico de administración mensual y acción prolongada que dicen, mejora la adherencia y tiene menos efectos secundarios.

En la rueda de prensa este señor aprovechó para retomar un tema con el que algunos llevan algún tiempo asustando: “impulsar una legislación que dé a los jueces la posibilidad de obligar a determinados pacientes graves a someterse al tratamiento ambulatorio” y es que “el problema de muchos pacientes psiquiátricos es que no cumplen adecuadamente con el tratamiento” (el problema del papel es que no se adhiere bien al pegamento) “en el caso concreto de la esquizofrenia, los profesionales estiman que entre el 50 y el 70% de los enfermos no siguen adecuadamente el tratamiento, ya que no siempre toman los fármacos prescritos”. ¡Desde luego! La culpa siempre es del paciente, que no se deja curar, el fármaco poco tiene que ver en la ecuación, a nadie se le ocurre que quizá a algunas personas no les compense - Mire ustezzz, es que la baba obstaculiza ligeramente mi integración social. - Con todos mis respetos, estos 15 quilitos de pura lorza que hora adornan mi cintura me resultan algo desagradables. - No quisiera molestar pero ¿eso del síndrome metabólico... que viene siendo?- Sin acritud, es que he tomado la decisión adulta y consciente de acortar mi esperanza de vida sólamente fumando como un carretero- (siempre negatiffos, nunca positiffos) Pero ahora con el invento éste, la adherencia mejora una barbaridad, y si obligamos por decreto al personal a medicarse, mandamos a la policía local a buscar a las personas a casa y les invitamos amablemente a acompañarnos al centro de salud más cercano para darse un pinchacito de ná, sin duda el tratamiento se convertirá en el tratamiento-loctite superadhesivo por antonomasia. Desde luego siempre pensando en el bien ajeno, si no sabemos lo que es mejor para nosotros, no se preocupen que ya hay expertos que lo saben.

A mí me da un poquito de miedito que el Dr Saiz presente el nuevo medicamento y proponga impulsar el TAI en el mismo acto, al tiempo que me mosquea que en la misma presentación declare que “este medicamento, podría ser uno a los que los pacientes deberían someterse obligatoriamente”, prefiero no malpensar.

Vista la noticia, y tras dar rienda suelta a mi tricotilomanía (vamos, que me tiré de los pelos) fui a mirar que era eso del Xeplión y conocer alguna de la investigación que apoyara la buena nueva tecnológica llenándonos el corazón de júbilo. Uno de los cuatro ensayos que apoyan tan albriciosa noticia es éste, que parece demostrar la superioridad del bicho frente al placebo en el retraso de la recaída. Sé que no lenguajeo bien el psiquiatrés y tengo bastantes problemas de comprensión, pero mi sensación es que nunca un Abstract dijo tan poco. Intento traducir, reconozco mis limitaciones de antemano y admito humildemente correcciones:

Se cogen un montón de "enfermos mentales graves" de buena calidad (en función de la puntuación del PANSS), que ya estuvieran tomando antipsicóticos; no sabemos cuántos, ni cuanto tiempo de tratamiento, ni cuantos y cuales antipsicóticos estaban tomando.  A TODOS se les cambia el tratamiento y se comienza un período de 9 semanas con el palmitato de paliperidona, después se seleccionan SOLO a los pacientes estables, que continuarán con el tratamiento “de mantenimiento” 24 semanas más, después de estas 24 semanas se seleccionan de nuevo SOLO a los que estan estables y se asignan aleatoriamente a continuar con el fármaco o con el placebo durante un tiempo variable (es lo que tiene el tiempo, que es variable, hoy hace un solete que da gusto y mañana caen chuzos de punta) me lo expliquen…creo entender que el tiempo estuvo determinado por el número de eventos de recaída. Después vienen números y porcentajes que vienen diciendo que, considerando la variable “tiempo de recaída” este es mayor para los que toman el palmitato de paliperidona que para los que toman placebo.

 Llámenme quisquilloso, pero estaba yo pensando que un ensayo que comienza sólo con sujetos que han demostrado durante 8 meses que responden al tratamiento, eliminando a los que no... me da que está algo sesgado (no me hagan caso... cosas mías). Y me pregunto cuántas personas se quedaron fuera y cómo les iría a éstas comparando con placebo (insisto, no me hagan mucho caso).

Conclusión (de andar por casa): que si coges a una persona que ha estado varios años tomando una droga, vas por la noche muy escondido y se la cambias por otra droga similar, puede que le vaya bien, pero si después de 8 meses habituándose a esa nueva droga, te acercas de nuevo sigiloso y se la cambias por sacarina... LO VA A NOTAR da igual que silves, el tío se da cuenta... fijo.

Aplastante, sin duda, aplastante. Pues eso, sigamos esforzándonos en cambiar la composición del papel, hasta que el pegamento pegue. Otra reflexión: entre indignados, manifestantes cabreados, profesores cabreados, sanitarios cabreados, funcionarios de prisiones cabreados y locos que no se quieren curar (mirapordonde) las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, no van a dar a basto.

7/11/11

EVIDENCIANDO LA EVIDENTE EVIDENCIA

Que me ponen a mi nervioso esos que en sus trabajos sobre lo nuestro repiten cienes y cienes de veces la palabra científico, científicamente etc. También me ponen nervioso los dicen que “diseñan intervenciones” y otra terminología similar (¿qué ***** es un “paquete terapéutico”?, no respondan... les veo venir). No sé porqué, pero textos en los que se leen cosas como (póngase voz de tipo interesante) “… y para que fuera eficaz desde el punto de vista científico diseñamos un paquete terapéutico ad hoc...” me dan cierto tufillo a complejo (de la profesión, no de los señores en cuestión, que de lo suyo suelen ir sobrados) una sensación de forzosa tecnificación y en definitiva de un “dime de que presumes y te diré de que…”. También me ponen nervioso estos que dicen que tratan trastornos, y se hacen preguntas del tipo ¿qué hacer ante tal o cual trastorno? Que yo supongo que sólo hay dos alternativas: a) decirle a la persona que le acompaña (al trastorno en cuestión) que espere fuera, quedarse a solas con él y pegarle una manta-palos, o por el contrario b) “diseñar un paquete terapéutico efectivo desde el punto de vista científico”.



A éste artículo publicado en el Infocop Online, se le unen estos elementos a otro que todavía me eriza los pelos con más intensidad. Los libros de recetas, sí, esa quimera que ansían los psicólogos tecnicocientíficos de realizar listados de tratamientos “Basados en la Evidencia” o “Científicamente Validados” con el lógico anhelo de parecerse a papá (el modelo médico, entiendo). La lógica de los libros de recetas es bien simple y sin duda atractiva, el trabajo del clínico sería realizar un diagnóstico exacto, abrir su libro de recetas y elegir el (o diseñar) la receta (intervención o paquete terapéutico) que “científicamente” mejor se adecue al trastorno que tenemos delante (quedamos en que la persona que lo acompañaba esperaba fuera). Yo, que soy un desarraigado (he pedido una prueba de paternidad al modelo médico ese) y que además, no tengo costumbre de tratar con trastornos, prefiero a las personas. Me inclino más por la Guía Michelín que por los libros de recetas, que sí, que las recetas pueden estar bien, pero si no hay cocinero, mal vamos.



Pues eso, que si nos vamos a aquella evidencia que no ven los que se basan en la evidencia (trabajos de Kim, Wampold y Bolt en el 2006 sobre los resultados del TDCRP, de Beutler en el 2004 o Christ-Christoph durante los 90) la varianza en los resultados en psicoterapia explicada por la utilización de uno u otro modelo/técnica (excluyendo imposiciones de manos, liberaciones de los chacras y revitalizaciones del karma, entre otras psicomagias) no llega al 1% en los estudios más optimistas y ronda el 0% en muchos otros, sin embargo la varianza entre resultados explicada por los terapeutas está entre el 6% y el 9%, una cifra realmente relevante considerada la elevada influencia de los factores considerados como extraterapéuticos (placebo, apoyo social, recursos de los clientes… la vida, que a veces también echa una mano) que sería responsable de un 87% del cambio. En resumen, las conclusiones que podemos extraer de esta evidencia que no resulta evidente a los que claman por la evidencia es que la efectividad de un proceso terapéutico no dependerá tanto de que el modelo/técnica elegido sea bueno o malo, como de que el profesional escogido sea bueno o malo.






Los autores, defendiendo su libro de recetas preguntan por ¿qué garantía tiene Vd. cuando acude a un psicólogo, de que va a ser atendido según un paradigma o técnicas que hayan demostrado su eficacia desde el punto de vista científico?, yo defendiendo mi Guía Michelín contesto; seguro que más garantías que aquellas que le aseguren que el psicólogo que le atienda haya demostrado su eficacia desde el punto de vista científico.



Supongo que al margen de que existan terapeutas reguleros y otros con una, dos o tres estrellas Michelín, será mejor que nos dejemos de listados y expliquemos a la gente que la mayoría de los y las terapeutas son efectivos en la mayoría de las ocasiones (que lo son).