Que me ponen a mi nervioso esos que en sus trabajos sobre lo nuestro repiten cienes y cienes de veces la palabra científico, científicamente etc. También me ponen nervioso los dicen que “diseñan intervenciones” y otra terminología similar (¿qué ***** es un “paquete terapéutico”?, no respondan... les veo venir). No sé porqué, pero textos en los que se leen cosas como (póngase voz de tipo interesante) “… y para que fuera eficaz desde el punto de vista científico diseñamos un paquete terapéutico ad hoc...” me dan cierto tufillo a complejo (de la profesión, no de los señores en cuestión, que de lo suyo suelen ir sobrados) una sensación de forzosa tecnificación y en definitiva de un “dime de que presumes y te diré de que…”. También me ponen nervioso estos que dicen que tratan trastornos, y se hacen preguntas del tipo ¿qué hacer ante tal o cual trastorno? Que yo supongo que sólo hay dos alternativas: a) decirle a la persona que le acompaña (al trastorno en cuestión) que espere fuera, quedarse a solas con él y pegarle una manta-palos, o por el contrario b) “diseñar un paquete terapéutico efectivo desde el punto de vista científico”. A éste artículo publicado en el Infocop Online, se le unen estos elementos a otro que todavía me eriza los pelos con más intensidad. Los libros de recetas, sí, esa quimera que ansían los psicólogos tecnicocientíficos de realizar listados de tratamientos “Basados en la Evidencia” o “Científicamente Validados” con el lógico anhelo de parecerse a papá (el modelo médico, entiendo). La lógica de los libros de recetas es bien simple y sin duda atractiva, el trabajo del clínico sería realizar un diagnóstico exacto, abrir su libro de recetas y elegir el (o diseñar) la receta (intervención o paquete terapéutico) que “científicamente” mejor se adecue al trastorno que tenemos delante (quedamos en que la persona que lo acompañaba esperaba fuera). Yo, que soy un desarraigado (he pedido una prueba de paternidad al modelo médico ese) y que además, no tengo costumbre de tratar con trastornos, prefiero a las personas. Me inclino más por la Guía Michelín que por los libros de recetas, que sí, que las recetas pueden estar bien, pero si no hay cocinero, mal vamos.
Pues eso, que si nos vamos a aquella evidencia que no ven los que se basan en la evidencia (trabajos de Kim, Wampold y Bolt en el 2006 sobre los resultados del TDCRP, de Beutler en el 2004 o Christ-Christoph durante los 90) la varianza en los resultados en psicoterapia explicada por la utilización de uno u otro modelo/técnica (excluyendo imposiciones de manos, liberaciones de los chacras y revitalizaciones del karma, entre otras psicomagias) no llega al 1% en los estudios más optimistas y ronda el 0% en muchos otros, sin embargo la varianza entre resultados explicada por los terapeutas está entre el 6% y el 9%, una cifra realmente relevante considerada la elevada influencia de los factores considerados como extraterapéuticos (placebo, apoyo social, recursos de los clientes… la vida, que a veces también echa una mano) que sería responsable de un 87% del cambio. En resumen, las conclusiones que podemos extraer de esta evidencia que no resulta evidente a los que claman por la evidencia es que la efectividad de un proceso terapéutico no dependerá tanto de que el modelo/técnica elegido sea bueno o malo, como de que el profesional escogido sea bueno o malo.
Los autores, defendiendo su libro de recetas preguntan por ¿qué garantía tiene Vd. cuando acude a un psicólogo, de que va a ser atendido según un paradigma o técnicas que hayan demostrado su eficacia desde el punto de vista científico?, yo defendiendo mi Guía Michelín contesto; seguro que más garantías que aquellas que le aseguren que el psicólogo que le atienda haya demostrado su eficacia desde el punto de vista científico.
Supongo que al margen de que existan terapeutas reguleros y otros con una, dos o tres estrellas Michelín, será mejor que nos dejemos de listados y expliquemos a la gente que la mayoría de los y las terapeutas son efectivos en la mayoría de las ocasiones (que lo son).
