30/3/09

QUE NO FUNCIONA!!!

-Si su hijo fuese miope, tendría que llevar gafas toda la vida… y no pasaría nada. Esto es lo mismo, hágase a la idea de que su hijo es hiperactivo y tendrá que seguir medicándose … y tampoco pasa nada (forever and ever).

Pues eso, es exactamente lo mismo ponerle gafas a un chaval que no ve, que darle a un chaval una droga estimulante, de la que sus efectos a corto plazo están poco y mal demostrados y sus efectos a largo plazo (algo así como toda la vida…) se desconocen… o se desconocían, porque ahora ya tenemos más datos.

El estudio en el que se apoya la prescripción de estimulantes es el MTA (1999) (Multimodal Treatment Study of Children With ADHD). Este estudio, en el que se compara la terapia de conducta, medicación estimulante, terapia combinada y apoyo comunitario, concluye que los estimulantes funcionan mucho mejor… donde va a parar. El estudio contenía algunos problemillas de diseño a los que, los amigos de la bata que los recetan son algo ciegos. En un análisis basado en los “cinco errores” típicos en las comparaciones de fármacos con terapias psicológicas, Duncan y Sparks se encontraron con los cinco… resumiendo mucho (otro día me extiendo): sólo hay grupo control sobre terapia psicológica, no hay grupo tratado con placebo, ni los investigadores, ni los participantes, ni los padres y profesores están cegados, todos saben a que grupo pertenece cada niño, se encuentran como siempre conflictos de interés (quien financia, quien cobra, etc…), se comparan los grupos mucho después de que la terapia psicológica haya terminado, de 19 medidas sólo hay diferencia en 3 medidas y por último, se minimizan los efectos secundarios (que van desde un retraso en el crecimiento, a sintomatología psicótica o problemas cardíacos… casi na).

Por otra parte, tenemos la duda de que; si un ensayo demuestra que un medicamento es efectivo (que no lo es) y seguro (que mucho menos), en un ensayo de 14 meses, ¿qué justificación existe para medicar a un niño año tras año, hasta el infinito y más allá… No, no existía ninguna justificación, pero ahora (y a esto es a lo que vamos), sí que existe justificación ¡para que no se haga!.

Ahí va un artículo del Washington Post (un papelucho sin importancia, la hoja parroquial de un barrio) Debate Over Drugs For ADHD Reignites. En que nos cuentan que los autores del propio estudio andan a bofetadas, sobre si la cosa funciona o no, especialmente a largo plazo. Ya los primeros seguimientos (24 meses) demostraban que la diferencia entre los que tomaban la droga y los que no, se iba reduciendo paulatinamente. Los seguimientos más recientes, demuestran que la diferencia a largo plazo no existe (sí existe diferencia en el crecimiento, todo hay que decirlo). Pues, mientras unos (Pelham) dicen, que esto hay que contárselo al mundo, y explicarles a los señores psiquiatras, neurólogos, pediatras (además de a muchos pedagogos y psicólogos, cada vez más partidarios), que esto a la larga no funciona. Otros (Jansen) dicen que la cosa merece un análisis pormenorizado, algunos chavales continúan mejorando… curiosamente aquellos que tenían menos dificultades al comenzar el estudio.

A ver si alguien se da por enterado (lo dudo, ya llevamos el piloto automático puesto)

13/3/09

SALIR DEL ARMARIO

Los británicos diagnosticados de alguna “enfermedad mental” están algo cabreados por el estigma que esta condición supone y han iniciado la campaña más ambiciosa que existe en este momento contra la discriminación a las personas con problemas de “salud mental”… la campaña Time to Change.

En base a esto, y como parte de la campaña han hecho un estudio interesante con los siguientes resultados…Aunque las comparaciones son odiosas:

La mayoría de los británicos consideran que les sería mucho más duro declarar públicamente que padecen una enfermedad mental que declarar que son homosexuales, alcohólicos, están arruinados o padecen cáncer. Ninguna de ellas una condición vergonzante, pero parece que para los británicos (y sospecho que en España no cambia la cosa) al menos, menos vergonzante que estar diagnosticado de una enfermedad mental.

Resulta que este miedo a salir del armario de la enfermedad mental está perfectamente justificado ya que: un 3% de los encuestados considera que las personas con algún diagnóstico psiquiátrico no están preparadas para ocupar cargos de responsabilidad, un 85% de los empleadores consideran que no contratarían a una persona con esta condición (curiosamente el 85% de los empleadores que tienen a su cargo personas con diagnósticos psiquiátricos están satisfechos). Pero no os vayáis a pensar que hacer público que estáis deprimidos, ansiosos o que deliráis, os va a traer problemas sólo para encontrar un trabajo decente… si estáis buscando a vuestra media naranja, es más probable que os llevéis castaña y media. Los británicos ven cuatro veces más probable terminar una relación sentimental si su partenaire padece una depresión severa que si tiene algún tipo de discapacidad física. De la misma manera, el 20% de las mujeres británicas encuestadas dice que rompería su relación si su pareja fuera diagnosticada de esquizofrenia… no mola.

Pos eso… normal que se cabreen, me pregunto que pasaría si se asomaran a las televisiones españolas y escuchara las declaraciones de alguno de los psico-tertulianos, que se están volviendo imprescindibles en la programación
matinal.

4/3/09

PSICOSIS

Advertencia: en el siguiente texto no aparece Norman Bates, ni su madre, ni una señorita gritando el la ducha... Perdonen las disculpas.


Ha nacido PSYCHOSIS: Psychological, Social and Integrative Approaches, que es la revista científica de la International Society for the Psychological Treatments of Schizophrenia. Y tu dirás ¿psychological treatments? Efectivamente psychological treatments... pero ¿psychological? Que siiiiii psychological ... ¿no farmacological?... no, no famacological; psychological.

Cierto que los tratamientos psicosociales llevan utilizándose desde hace bastante tiempo, pero habitualmente son concebidos como un mero apoyo al tratamiento farmacológico. De hecho un objetivo importante de algunas aproximaciones psicoeducativas es, precisamente, asegurar una buena adherencia al tratamiento (farmacológico). Aunque una de las palabras mágicas cuando se habla de la etiología de la esquizofrenia es “multicausal” (es decir: ni idea) y aunque la palabra mas “cool” en lo relativo al tratamiento es “interdisciplinar”, lo cierto es que en la mayoría de los casos, el tratamiento de la esquizofrenia gira en torno al tratamiento farmacológico.

Pero estos del ISPT entran con su primer número pisando fuerte, con riesgo de convertir a esta revista en el nuevo Necromicon de la psiquiatría y a la organización en una secta pseudocientífica… porque con su primer artículo le dan la vuelta a la tortilla en el tratamiento de la esquizofrenia, poniendo el foco en la intervención psicosocial y trasladando al tratamiento farmacológico a un plano secundario, incluso en ocasiones prescindible.

En un artículo titulado: “Psychosocial Treatment, Antipsychotic Postponement, and Low-Dose Medication Strategies In First-Episode Psychosis: A Review Of The Literature” los autores (John R. Bola, Klaus Lehtinen, Johan Cullberg y Luc Ciompi) revisan cinco estudios relativos a programas de tratamiento de primeros episodios psicóticos, que incluyen un protocolo que pospone la administración de antipsicóticos un tiempo fijado que fluctúa entre una semana ( en el “Proyecto Paracaídas” sueco) y las seis semanas (en el proyecto Soteria San Francisco). Posteriormente a la espera, el tratamiento con antipsicóticos es una alternativa a valorar.

El caso es que, aplicando estos protocolos de tratamiento (y siempre según afirman los autores del artículo y sus secuaces paranormales, miembros de alguna logia de secta peligrosísima) los resultados son mejores que con el tratamiento tradicional. Una de cada tres personas tratadas, no requirió medicación alguna en ningún momento del tratamiento, un importante grupo sólo fue tratado con dosis mínimas. Con la ventaja añadida de que se reducen los efectos secundarios. Porque, aunque la explicación de los principios rectores de alguno de estos tratamientos incluyen palabras algo empalagosas (respeto, reconocimiento, esperanza…) lo cierto es que éstas, no provocan diabetes.

Ahora, los hombres de bien y adalides de la ciencia siempre podrán acudir a Moliére y a su principio dormitivo, explicando que (dado que la cronicidad y la necesidad de fármacos son características propias de la enfermedad) aquellos que se “curaron” sin necesidad de antipsicóticos “en realidad” no sufrían esquizofrenia. Y no seré yo quien les quite la razón.