La sentencia es de Nietze, y a mí personalmente me gusta. Se convirtió en máxima de la psicología humanista que popularizó Victor Frankl, donde ese PORQUÉ se transforma en el “sentido” del “Hombre en busca del sentido”. Y aquí me lío en un rollo semántico… que digo yo… que el porqué de Nietze era un porqué puramente finalista (podría ser un para qué o para quién), mientras que el “sentido “de Frankl tiene que ver con un porqué explicativo un porqué causal.
Simplemente (ya ves que tontería) establezco una distinción artificial entre estos dos porquéles, para referenciar el potencial que tienen estos porqués, uno piensa que si alguien tiene un fin definido en su vida podrá hacer cualquier cosa para conseguirlo… el otro fue capaz de sobrevivir en un campo de concentración siendo capaz de encontrarle sentido a la vida más allá del sufrimiento presente.
¡Cuidado!…. parece que podría ponerme trascendente. No se preocupen ustedes, se me pasa pronto. Sólo quería hacerme eco de un experimento curioso realizado por Langer en 1978, que algunos (como Cebeiro, M.) consideran un ejemplo de cómo las personas (al menos en la cultura occidental) tendemos a depender de una lógica lineal. El experimento se llevó a cabo en las colas que se formaban en la Universidad (supongo que Harvard) frente a las fotocopiadoras, Langer quería comprobar con qué probabilidad es posible que nos dejen colarnos en una de estas filas dependiendo del discurso que utilicemos.
En primer lugar, se pedía a las personas que tenían preferencia para realizar sus fotocopias; -Perdona, sólo tengo cinco páginas ¿puedo usar la fotocopiadora, porque tengo mucha prisa?. Con esta fórmula, un 95% de los estudiantes cedían su sitio en la cola. Sin embargo si la fórmula utilizada era; -Perdona, sólo tengo cinco páginas ¿puedo usar la fotocopiadora?. La probabilidad de que nos cedieran el puesto se reducía a un 60%. Parece que la diferencia entre las dos situaciones está en la explicación “porque tengo mucha prisa” , podríamos pensar que las personas ceden con más facilidad su puesto, porque en el primer caso hay una argumentación causal válida que justifica la cesión del puesto. Sin embargo cuando la fórmula utilizada era -Perdona, sólo tengo cinco páginas ¿puedo usar la fotocopiadora, porque tengo que hacer fotocopias? la probabilidad de que los alumnos cedieran su puesto, volvía a ascender a un 93%. Parece que es la mera conjunción “porque” la que tiene el potencial explicativo causal y una vez que escuchamos tal conjunción, no es necesario nada escuchar más. Parece, que podríamos tomar la sentencia de Nietze de un modo absolutamente literal y lo que necesitamos es únicamente el “porque”.