-Si su hijo fuese miope, tendría que llevar gafas toda la vida… y no pasaría nada. Esto es lo mismo, hágase a la idea de que su hijo es hiperactivo y tendrá que seguir medicándose … y tampoco pasa nada (forever and ever).
Pues eso, es exactamente lo mismo ponerle gafas a un chaval que no ve, que darle a un chaval una droga estimulante, de la que sus efectos a corto plazo están poco y mal demostrados y sus efectos a largo plazo (algo así como toda la vida…) se desconocen… o se desconocían, porque ahora ya tenemos más datos.
El estudio en el que se apoya la prescripción de estimulantes es el MTA (1999) (Multimodal Treatment Study of Children With ADHD). Este estudio, en el que se compara la terapia de conducta, medicación estimulante, terapia combinada y apoyo comunitario, concluye que los estimulantes funcionan mucho mejor… donde va a parar. El estudio contenía algunos problemillas de diseño a los que, los amigos de la bata que los recetan son algo ciegos. En un análisis basado en los “cinco errores” típicos en las comparaciones de fármacos con terapias psicológicas, Duncan y Sparks se encontraron con los cinco… resumiendo mucho (otro día me extiendo): sólo hay grupo control sobre terapia psicológica, no hay grupo tratado con placebo, ni los investigadores, ni los participantes, ni los padres y profesores están cegados, todos saben a que grupo pertenece cada niño, se encuentran como siempre conflictos de interés (quien financia, quien cobra, etc…), se comparan los grupos mucho después de que la terapia psicológica haya terminado, de 19 medidas sólo hay diferencia en 3 medidas y por último, se minimizan los efectos secundarios (que van desde un retraso en el crecimiento, a sintomatología psicótica o problemas cardíacos… casi na).
Por otra parte, tenemos la duda de que; si un ensayo demuestra que un medicamento es efectivo (que no lo es) y seguro (que mucho menos), en un ensayo de 14 meses, ¿qué justificación existe para medicar a un niño año tras año, hasta el infinito y más allá… No, no existía ninguna justificación, pero ahora (y a esto es a lo que vamos), sí que existe justificación ¡para que no se haga!.
Ahí va un artículo del Washington Post (un papelucho sin importancia, la hoja parroquial de un barrio) Debate Over Drugs For ADHD Reignites. En que nos cuentan que los autores del propio estudio andan a bofetadas, sobre si la cosa funciona o no, especialmente a largo plazo. Ya los primeros seguimientos (24 meses) demostraban que la diferencia entre los que tomaban la droga y los que no, se iba reduciendo paulatinamente. Los seguimientos más recientes, demuestran que la diferencia a largo plazo no existe (sí existe diferencia en el crecimiento, todo hay que decirlo). Pues, mientras unos (Pelham) dicen, que esto hay que contárselo al mundo, y explicarles a los señores psiquiatras, neurólogos, pediatras (además de a muchos pedagogos y psicólogos, cada vez más partidarios), que esto a la larga no funciona. Otros (Jansen) dicen que la cosa merece un análisis pormenorizado, algunos chavales continúan mejorando… curiosamente aquellos que tenían menos dificultades al comenzar el estudio.
A ver si alguien se da por enterado (lo dudo, ya llevamos el piloto automático puesto)
