(AUNQUE EL PACIENTE MURIÓ)
Voy por la vida de tío ocupado, pero lo cierto es que debo aburrirme, porque me he descubierto últimamente un par de veces viendo un programa de esos de terapia televisada, que comienzan a proliferar (aunque con un efímero éxito) en los distintos canales, y asisto perplejo, a una pugna entre algunos colegas por convertirse en el Arguiñano de esto de las “psi”. Lo cierto es que salvo honrosas excepciones, la cosa asusta.
Vale que a veces nos podemos romper la cabeza con digresiones teóricas que a veces no tienen demasiado efecto en la práctica… que si no se puede estudiar un sistema sin influir en él, … que si ahora le llamamos a esto cibernética de segundo orden que el nombre es raro y así nadie se entera de nada … de acuerdo, pero pensar que si le metes una cámara de televisión a una pareja en casa se va a comportar como si no estuviera y que cuando saques la cámara todo va a seguir siendo igual, me parece un poco ilusorio.
Pero gracias a uno de estos programas reencontrarme con el mejor invento para mantener la autoestima de los profesionales; el concepto de resistencia. Este concepto podría definirse como la tendencia de las personas… familias… parejas… a mantener su estatus quo. Es un concepto que puede ser interesante cuando se utiliza para facilitar el cambio, un análisis de aquello que impide el cambio, puede facilitar el mismo. De hecho S. De Shazer declaró la muerte de la resistencia (con funeral y todo) pasándola a considerar como un modo específico de colaboración. Sin embargo el uso que de este concepto se hizo en uno de estos programas me pareció realmente genial, la resistencia pasa a ser la mejor justificación del fracaso terapéutico, siendo el culpable de éste el propio paciente que “boicotea la terapia”, y no la impericia del propio terapeuta… ¡realmente genial!
La cosa transcurre así: una pareja que parece que ya se olvidaron de eso de comer perdices acuden a uno de estos programas, donde un señor y unas señora les dicen que deben hacer un montón de ejercicios estupendos sacados directamente del “libro de cómo se hacen las cosas muy bien, muy bien y la gente se pone muy contenta”… que si yo te toco aquí, que si tu me soplas allí… quizá sin tener en cuenta que las fantasías (sobre todo cuando son de otro) tienen la puñetera manía de darse de bruces con la realidad. Vamos, que esta bien que a uno o una lo unten en nata, a no ser que manches la colcha de ganchillo que me hizo mi madre, claro que nunca te gustó … no harías lo mismo con la vajilla de la tuya … oye no metas a mi madre en esto que es una santa …¿¡¡¿!ºª!&
Es decir que la cosa no fue muy pa allá. Entonces, en lugar de venirse abajo ante tal contrariedad, los maravillosos terapeutas se crecen y le montan a la pareja una bronca de cuidado porque fueron unos niños malos que no hicieron los deberes, que tan bien mandados estaban, así que … no mejoráis porque no queréis y… haced el favor de curaros cuando se os lo pide educadamente.
Pues eso que …