28/12/07

UN GENIO

Era dificil que no se convirtiera en un mito, por como vivió y por su forma de trabajar. La manida expresión de "adelantado a su tiempo" le sienta como un guante, precursor múltiples formas de entender la psicoterapia, muchas de ellas casi opuestas: estratégicas, colaborativas, centradas en los problemas o centradas en las soluciones, hipnóticas y menos hipnóticas.

Un ejemplo de cómo se puede aprender de las dificultades, y de cómo estas pueden hacerte más fuerte. La polio lo dejó postrado en una cama cuando era un adolescente, y supo aprovechar esta "oportunidad" para adquirir la que luego sería su herramienta más útil; su extraordinaria agudeza perceptiva. La polio no pudo acabar con él de niño y tampoco lo hizo cuando lo volvió a atacar en una segunda ocasión (un hecho insólito) cuando ya era mayor.

Como los mitos, enseñó en la acción, es cierto que escribió más de 140 artículos (la mayoría sobre hipnosis), pero quizá nunca supo contar aquello que hacía de un modo casi natural, dejó que lo hicieran los demás; Procter, Rosen, O´Hanlon, Bandler, Grinder, Haley. Por cada uno de sus "apóstoles"... un evangelio, una visión distinta, una forma distinta de entender su trabajo y su persona.

Además de ser uno de los grandes terapeutas del siglo pasado fué también, o principalmente, un gran especialista en comunicación (puede ser que por ser gran comunicador fuera gran terapeuta), el ejercito americano supo aprovecharse de ello durante la Segunda Gerra Mundial.

Pues eso, un genio. Si lo lo conoceis, os presento a Milton Erickson:


MILTON ERICKSON 1901-1980


17/12/07

SE ARMÓ LA GORDA


Se armó la gorda, parece que Marino Pérez y Héctor González Pardo con su libro “La invención de los trastornos mentales” han metido el dedo en la llaga… y le echaron sal.

Básicamente denuncian que la invención y propagación de “enfermedades mentales” tiene bastante que ver con los intereses de la industria farmacéutica. La polémica está servida, un gustazo para los que nos gustan los platos calentitos.

Este libro supone una crítica a la patologización de problemas de la vida, y su consecuente sobremedicación. No niegan la existencia del trastorno mental, lo que niegan es que se trate de una enfermedad como las demás. Lo que conocemos como enfermedad mental, no son tales sino síndromes, es decir conjuntos de síntomas sin una entidad propia, esta entidad finalmente se asigna por consenso. Es decir se reúnen un montón de sesudos especialistas y deciden que si un señor tiene el ánimo deprimido, no se concentra, no come, está cansado y duerme mal, padece una depresión mayor. Si están de acuerdo tenemos una nueva enfermedad. Lo curioso del proceso es que las enfermedades también se “desinventan”; cuenta O´Hanlon como la APA curó de un plumazo a millones de homosexuales cuando decidió que ya no padecían trastornos de la identidad sexual.

Como siempre a este país hasta las polémicas llegan tarde, esta cuestión se lleva planteando años en el resto del mundo con publicaciones que también han hecho pupa. En los USA, recientemente Robert Whitaker denunció en “Mad in America” la sobremedicación a la que se somete en su país a las personas con diagnóstico de esquizofrenia analizando entre otros, un estudio realizado por la OMS en 1992 que concluye que “vivir en un país desarrollado es un fuerte predictor de que una persona diagnosticada de esquizofrenia nunca se vaya a recuperar”. En Europa Philippe Pignarre también puso la carne en el asador con “El gran secreto de la industria farmacéutica”, donde desde la experiencia que le ha dado trabajar durante 17 años como directivo en esta industria, se permite descubrir sus secretos más inconfesables. También menciona la invención de nuevas enfermedades como una de las estrategias utilizadas por la industria para superar la crisis en la que se encuentra. Evidentemente el campo de la salud en la que se hace más factible “inventar” enfermedades es el de la salud mental. Pero Pignarre va más allá, denuncia que hay otros ámbitos en los que una industria con amplio poder puede “meter la mano”; incrementar o disminuir en 10 mm/dl la concentración de colesterol recomendada para iniciar un tratamiento farmacológico, quizá no tenga gran repercusión sobre la salud de los enfermos, pero la repercusión para la industria farmacéutica se mide en millones de dólares.

Y como a nadie le gusta que le metan el dedo en el ojo, pues el Doctor Marcos Huerta, en representación de la Sociedad Asturiana de Psiquiatría, va … y se enfada. Dice: “hablar de la invención de las enfermedades mentales en un país donde hay más de 400.000 personas que sufren esquizofrenia no sólo es frívolo, es inmoral” (creo que apelar a las emociones para ganarse el apoyo popular es la definición de demagogia, la RAE lo limita a una práctica política, por que si no fuera así, yo diría que esto es demagogia). Los autores no niegan la realidad que sufren las personas diagnosticadas de esquizofrenia, pero sí niegan que se trate de una “enfermedad más cualquiera” con una entidad concreta como pueda ser la diabetes o el Alzheimer.

El señor Huerta continúa con un argumento incontestable, y es que ¡cuidado! El libro coincide en sus argumentos con la iglesia de la Cienciología (argumento sólido e inapelable donde los haya). Y luego lo convierte en una cuestión de bandos, nosotros contra vosotros y habla de la “psicologización absurda de lo cotidiano, de suerte que, por ejemplo en la desgracia, en vez de sufrir el dolor íntimo de la pérdida, podemos vernos asaltados por un comando de psicólogos para curarnos de la pena y apoyarnos en la zozobra”, la verdad es que yo tampoco entiendo mucho cual es exactamente el papel de los compañeros en las catástrofes, pero lo cierto es que lo que él llama “sufrir el dolor íntimo de la pérdida” en muchas ocasiones se hace “colocado de trankimachiño“ …que siempre hay una mano amiga que lo lleva en el bolsillo.

Por otra parte denuncia una “presión social formidable para que se den carta de naturaleza a patologías de más que dudoso rigor” como “el mobbing, el síndrome de alienación parental, o las nuevas adicciones” se ve que (devolviendo la demagogia), su jefe no le putea lo suficiente como para volverlo loco, su mujer no pone a sus hijos en su contra ni se pasa ocho horas diarias visitando páginas cochinas, como miles de personas en España que sufren realmente por estas situaciones. La presión social sobre estos problemas tiene que ver con que es necesario un reconocimiento en cuanto a realidad social, no para que sean reconocidas como enfermedades (seguro que el hecho de que aparecieran en el DSM-V ayudaría a estos colectivos delante de un juez), pero creo que está claro que tanto el mobbing como el síndrome de alienación parental, tienen mejor solución en los juzgados que en una consulta de salud mental.

De cualquier manera, entiendo que este es un debate que ya se hacía necesario, y estos dos psicólogos de la Universidad de Oviedo han tenido el valor de iniciar la contienda, es seguro que les van a dar hasta en el carné de identidad, supongo que estarán preparados.

10/12/07

PLANTANDO MEMORIA


En las décadas de los 80 y 90 existió una avalancha de demandas por parte de personas ya adultas a sus propios progenitores, por los abusos sexuales sufridos durante su infancia, que fue sucedida por otra avalancha de denuncias por mala praxis profesional a los clínicos que “ayudaron” a recuperar estos recuerdos perdidos.

Múltiples investigaciones han demostrado lo maleable que es la memoria. Probablemente la investigadora más importante en este campo al tiempo que la más polémica Elisabeth F. Loftus, ha demostrado en numerosos experimentos como se pueden “implantar” memorias inexistentes. En un conocido experimento consiguió que un importante porcentaje de personas adultas entrevistadas reconocieran haber tenido un encuentro con el personaje de Bugs Bunny en su estancia en Disney World cuando eran niños, incluso recordaban haberle dado la mano (o la pata) al personaje de la Warner (algo evidentemente imposible).

Algunas corrientes en psicología consideran que los síntomas psicológicos son la manifestación de traumas infantiles reprimidos. Esta idea implica que las personas tendemos a reprimir recuerdos traumáticos, y que estos en su pugna por salir, se evidencian en psicopatología. El terapeuta que está convencido de que tras la queja de su paciente se esconde un trauma infantil, normalmente de índole sexual, hará lo posible por que su paciente recuerde estos hechos, como aquel que busca las llaves debajo de la farola porque hay más luz, no porque las haya perdido allí. La propia convicción personal del terapeuta, unida a una situación y unas técnicas especialmente sugestivas, puede llevar al consultante a recuperar de forma muy vívida las terribles escenas “enterradas” durante tanto tiempo en su inconsciente. El efecto, lejos de ser liberador, puede producir efectos catastróficos en la vida de la persona y de su entorno.

La historia de Gloria Grady conmocionó a los Estados Unidos cuando en 1991 se publicó en DMagazine “The seduction of Gloria Grady”, una historia en la que a estas teorías psicodinámicas se une el ultraconservadurismo religioso de la sociedad tejana. Gloria pudo recordar con ayuda de un “terapeuta cristiano” de Dallas, como su padre (un pastor Baptista) la violaba en repetidas ocasiones en un altar en un rito satánico en el que participaba toda su familia cuando ella sólo tenía diez años. En estos ritos abusaron sexualmente de ella también su madre, su hermano y su abuelo. Como consecuencia de estas continuas violaciones Gloria recordó como se quedó embarazada y cómo el hijo que tuvo cuando contaba sólo con 14 años, fue quemado en una orgía carnívora y satánica. También recordó como su madre la maltrataba constantemente llegando a romperle algún hueso. Lo sorprendente de esta terrible situación es que Gloria gozaba de una buena relación con su familia y no recordó absolutamente nada de estos hechos hasta los 28 años, edad en que su terapeuta cristiano le ayudó a recuperar estos recuerdos reprimidos.

No es difícil imaginarse el efecto que estas acusaciones tuvieron en la conservadora familia de un ministro baptista y el linchamiento al que fueron sometidos por parte de su comunidad. Las exploraciones ginecológicas que se realizaron durante el proceso judicial y la revisión del historial clínico demostraron que Gloria no había tenido nunca ninguna actividad sexual, que no había ningún signo de embarazo ni de aborto previo, ni tampoco secuelas de ninguna lesión pasada. Estas pruebas no fueron suficientes para que Gloria recuperara su relación con sus familiares, y no creo que el resultado de la terapia puediera calificarse de “exitoso”. Evidentemente la Asociación Cristiana para Estudios Psicológicos, no dudó en calificar de “satánica” a la publicación que destapó este hecho.

Eileen Franklin cuando ya contaba con 28 años, pudo recordar, tras veinte años de olvido, y gracias a su terapeuta ,como su propio padre había violado y asesinado brutalmente a su mejor amiga Susan Nason, cuando ambas contaban sólo con ocho años de edad. Eileen declaró ante el jurado con todo lujo de detalles como su padre violó a Susan en el asiento de atrás de su coche, como posteriormente la asesinó golpeándola con una piedra y hasta como, ella misma, presa del pánico y bajo la amenaza de que sufriría la misma suerte si lo contaba, ayudó a su padre a enterrarla. En 1996, tras 6 años de prisión el padre de Eileen pudo salir de prisión cuando las pruebas de ADN, demostraron su inocencia.

Estos son dos casos muy ilustrativos de lo maleable que puede ser la memoria, pero también son muy ilustrativos, y esto para mí es más relevante, de cómo la presuposición de un profesional, en un contexto sugestivo, puede dañar a su cliente, y de cómo para encontrar una causa, solamente hay que buscar lo suficiente. Si los hechos no confirman tu hipótesis, sólo tienes que seguir buscando, tarde o temprano lo harán.